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La saludable vida de un médico naturista

La saludable vida de un médico naturista

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Durante 12 años presidió la Asociación de Médicos Naturistas. Con 91 años, este murciano, de Librilla, sale a andar todos los días y predica con el ejemplo de una vida saludable.

Cuidar la mente y el cuerpo. Esa es la máxima que ha guiado la vida de Gabriel Contreras, un médico murciano de 91 años que camina a diario y que, por una dolencia propia cuando era estudiante de Medicina, se interesó por la medicina naturista. Y hasta hoy. La semana pasada presentó su segundo libro, Cómo vivir sano en un mundo enfermo.

Contreras estudió Medicina en los años 40 en Salamanca. (L.P.T.)

¿Cómo surge este libro?
-Por una cuestión de experiencia personal a lo largo de muchos años de práctica profesional. He visto cómo las personas, en vez de preocuparse por conocerse a sí mismas, a su propio cuerpo o su propia salud, y tomar medidas para vivir sano, la inmensa mayoría cuando tiene alguna molestia, como dolor de cabeza, insomnio, colesterol o triglicéridos, recurren al medicamento de turno. Se resuelven el problema más o menos rápido, pero no modifican su manera de vivir. Así, al cabo de un tiempo vuelven a tener las mismas molestias y otra vez empieza la medicación. Eso no es salud. Esta actitud está muy extendida; no es que sea el cien por cien de los ciudadanos, pero sí los suficientes como para hablar de un mundo enfermo.

La mayoría de las personas cuando tienen dolor de cabeza, insomnio o colesterol no cambian su estilo de vida,

sino que recurren al medicamento

¿Cómo surge el interés por la medicina naturista?
-Yo enfermé de una insuficiencia digestiva estudiando la carrera de Medicina, y médicos consagrados no lograban curarme. Entonces leí un libro de un médico francés, Paul Carton, titulado La salud, que recogía todo lo relacionado con las actividades de la vida como practicar ejercicio físico, una alimentación adecuada o dormir lo suficiente. Aquello fue mano de santo, todos los síntomas se fueron normalizando con gran asombro por mi parte hasta que la enfermedad desapareció por completo, y esto fue lo que propició que yo me interesara y tuviera curiosidad por ese tipo de medicina. De hecho, cuando terminé la carrera decidí establecerme como médico naturista.

¿Cuándo empezó a cursar Medicina?
-Alrededor del año 1940, una vez finalizada la Guerra Civil, en la Universidad de Salamanca.

¿Cómo vivió usted la Guerra Civil?
-Fue terrible. Yo vivía en Murcia, en la parte republicana de España cuando ésta quedó dividida en dos sectores. Con 17 años tuve que ir a la guerra, pero afortunadamente no me afectó demasiado porque tuve mucha suerte en los sitios donde estuve; me pasaron balas con frecuencia al lado de los hombros, de la cabeza, y pensé que con una de ellas me quedaría allí. Eso no ocurrió, y cinco meses después de que se terminara empecé Medicina, contra el deseo de mi padre que prefería Derecho.

La insuficiencia digestiva que padecí cuando estudiaba la carrera de Medicina en Salamanca

hizo que me interesara por la medicina naturista

¿Cuál fue su trayectoria hasta llegar a Málaga?
-Fue muy rápida. Yo quería tener alguna experiencia con enfermos antes de abrir una consulta propia. Me fui a mi pueblo, Librilla, a sustituir al médico. Llevaba menos de tres años cuando un gran amigo me recomendó que fuera a Málaga, que allí había un gran panorama y yo tendría un gran porvenir. Siguiendo sus consejos aquí me encuentra usted, y de eso hace más de 50 años.

Cuando llegó a Málaga se apuntó al conservatorio, pero nunca terminó la carrera de piano. ¿Sigue adelante con esa afición?
-Me ha tocado el lado sensible. Soy un enamorado de la música y estoy retomando los estudios de piano. El piano es muy cruel; si no prácticas con asiduidad no obtienes resultados, y quiero llegar a interpretar bastante bien numerosos preludios y fugas de Johann Sebastián Bach o algún nocturno o vals de Chopin.

Usted es un claro ejemplo de las consecuencias de la medicina naturista. ¿Qué recomienda como pautas para llevar una vida sana?
-Es una pregunta muy interesante pero muy difícil de responder. Para poder dar pautas a una persona hay que conocer sus hábitos de vida: qué come, qué desayuna, qué merienda, qué cena, qué tipo de vida lleva, si bebe o no, si fuma o no. Hay que personalizar porque lo que a uno le puede ir bien a otro no le sirve. Hay que tener en cuenta que para conservar la salud y mejorarla, no hay que centrarse sólo en el aspecto físico, también en el psíquico, es importantísimo tener control sobre sí mismo y las emociones.

Laura Pérez Torres. Málaga