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PAPEL FISIOLÓGICO DE LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 EN EL ORGANISMO

PAPEL FISIOLÓGICO DE LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 EN EL ORGANISMO

Fuente: morgan.es

En el ser humano, los ácidos grasos omega-3 son importantes para mantener la estructura de las membranas celulares, facilitar la absorción de las vitaminas liposolubles (A, D, E y K), regular el metabolismo del colesterol y producir eicosanoides, que regulan diversos procesos celulares (tono vascular y bronquial, motilidad gastrointestinal y uterina, protección gástrica, diuresis, coagulación sanguínea, temperatura corporal, procesos inflamatorios e inmunitarios, etc.).

El efecto reductor sobre las concentraciones de triglicéridos de los ácidos grasos omega-3 se debe a:

  • Reducción de la síntesis hepática de triglicéridos y las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), ya que el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA) son malos sustratos para las enzimas que realizan la síntesis de triglicéridos e inhiben la esterificación de otros ácidos grasos necesarios para la síntesis de triglicéridos.
  • Aumento de la betaoxidación de los ácidos grasos por los peroxisomas hepáticos, por lo que disminuyen su disponibilidad para la síntesis de VLDL.
  • Inhibición de la actividad de la enzima acil-CoA:1,2-diaglicerol aciltransferasa que interviene en la síntesis de los triglicéridos.
  • Inhibición de la síntesis y la secreción de quilomicrones y aceleración del aclaramiento posprandial de los triglicéridos.

La mejoría que ejercen los ácidos grasos omega-3 sobre la disfunción endotelial se ha atribuido a su capacidad para aumentar la liberación de óxido nítrico por las células endoteliales. Los ácidos grasos omega-3 inhiben la agregación plaquetaria, particularmente la inducida por colágeno y la producción de tromboxano A2 (TXA2), por lo que su administración podría prolongar el tiempo de hemorragia.

Los ácidos grasos omega-3 se incorporan en las membranas celulares y pueden actuar como un sustrato de las ciclooxigenasas y la lipoxigenasa, reduciendo la síntesis y las concentraciones plasmáticas de tromboxano y prostaciclinas de la serie 2 y los leucotrienos de la serie 4 que presentan acciones proagregantes, vasoconstrictoras y proinflamatorias.

Asimismo, los ácidos grasos omega-3 muestran propiedades antiinflamatorias al reducir las concentraciones de la proteína C reactiva.

Los efectos hipolipemiantes y antiinflamatorios de EPA y DHA podrían estar relacionados con su capacidad para actuar como ligandos de los receptores activados proliferadores de peroxisomas (PPAR-a), que regulan varios genes que participan en el metabolismo lipídico.

Los ácidos grasos omega-3 hiperpolarizan el potencial de membrana, lo que incrementa el umbral de excitabilidad ventricular y prolonga la duración del periodo resistente, dos efectos que participarían en sus propiedades antiarrítmicas.

Los ácidos grasos omega-3 son constituyentes de los fosfolípidos que forman las membranas celulares, por lo que son fundamentales durante la gestación, la lactancia y la infancia para el crecimiento del tejido nervioso

PAPEL DE LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 DE CADENA LARGA EN LOS PROCESOS INFLAMATORIOS

Durante los procesos inflamatorios se producen mediadores químicos, como los eicosanoides, a partir de ácidos grasos poliinsaturados presentes en las membranas celulares. La actividad inflamatoria de estas moléculas depende del ácido graso precursor. Los derivados del ácido araquidónico (ácido grasos omega-6) tienen una elevada actividad proinflamatoria, mientras que los derivados del ácido eicosapentaenoico (EPA) (ácido grasos omega-3) son débilmente inflamatorios. Así, al ingerir aceites de pescado, ricos en ácidos grasos omega-3, aumenta el contenido del EPA y disminuye el ácido araquidónico en las células del sistema inmune, por lo que se reduce la estimulación inflamatoria debido a la presencia de mediadores menos activos. Éste parece ser el mecanismo inmunomodulador fundamental de las dietas ricas en ácido grasos omega-3. Asimismo, pero mediante mecanismos de acción diferentes, se ha demostrado que el ácido oleico disminuye la intensidad de algunos procesos inflamatorios, al reducir la producción de mediadores quimiotácticos de inflamación.

1. PROCESOS INFLAMATORIOS DELIMITADOS Y DOLOR

-Artritis reumatoide

Las enfermedades inflamatorias crónicas se caracterizan por una sobreactividad de la respuesta linfocitaria y, frecuentemente, por una producción inapropiada de eicosanoides derivados del ácido araquidónico, especialmente de la prostaglandina E2 (PGE2) y el leucotrieno B4 (LTB4). Se han realizado diversos estudios, tanto in vitro como en animales (y en algún caso en humanos sanos), para analizar los posibles efectos antiinflamatorios sobre algunas enfermedades crónicas cuyo desarrollo se basa en la alteración de estos mecanismos.

Los efectos antiinflamatorios de los ácidos grasos omega-3 son los que se han estudiado más y los que han reflejado resultados más esperanzadores. Varios trabajos han mostrado un efecto positivo sobre la artritis reumatoide, que se ha reflejado tanto en la mejora de los síntomas como en la posibilidad de reducir el uso de antiinflamatorios no esteroideos. Otros estudios indican que el aceite de pescado puede reducir la producción de interleucina-1 (IL-1) en la artritis reumatoide y que, además, tiene un ligero efecto sobre otras citocinas. En alguno de ellos se halló que el aceite de pescado mejoraba los resultados clínicos y se han reportado beneficios clínicos en la artritis reumatoide tras su administración.

- Enfermedad inflamatoria intestinal

El término enfermedad inflamatoria intestinal engloba varias afecciones caracterizadas por la inflamación crónica y recidivante de la mucosa intestinal de origen desconocido, de las que la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son las dos principales enfermedades, cada una de ellas con diferentes formas de expresión clínica o fenotipos.

En la colitis ulcerosa está afectada sobre todo la mucosa del colon, mientras que en la enfermedad de Crohn puede estar afectada cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque por lo general son el íleon y el colon. En ambas enfermedades, la mucosa intestinal contiene concentraciones elevadas de eicosanoides inflamatorios, como el LTB4 y las citocinas. El primer estudio, controlado con placebo, que se realizó con ácidos grasos omega-3 de cadena larga en pacientes con colitis ulcerosa mostró una reducción significativa de las concentraciones séricas de IL-2 y su receptor soluble con dosis de 5,6 g EPA+DHA/día tras un seguimiento de 26 semanas.

Más reciente es el estudio de Trebble et al. en el que tras administrar 2,7 g de EPA+DHA/día durante 24 semanas a pacientes con enfermedad de Crohn se observó una reducción de la producción ex vivo de interferón gamma y PGE2, pero no de factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa), estimulado por las células mononucleares. Estos datos indican que los ácidos grasos omega-3 de cadena larga pueden reducir los marcadores inflamatorios relacionados con la enfermedad inflamatoria intestinal.

2. PROCESOS INFLAMATORIOS SISTÉMICOS

La inflamación sistémica leve es uno de los rasgos característicos de la coronariopatía, el ictus, la diabetes mellitus, la hipertensión, el cáncer, la depresión, la esquizofrenia, la enfermedad de Alzheimer y las enfermedades vasculares del colágeno. Por ello, la prevención o reducción de la inflamación reduciría la morbimortalidad cardiovascular y la carga en el sistema sanitario que suponen estas enfermedades en todo el mundo.

La obesidad está relacionada con la diabetes mellitus tipo 2 y con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y ello, a su vez, con la capacidad del tejido adiposo para secretar varios factores denominados adipocinas, como la leptina, el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa), la interleucina-6, el inhibidor del activador del plasminógeno-1 (PAI-1), la resistina, la adiponectina y la proteína transportadora de retinol 4 (RBP4), entre otras.

Estas adipocinas están relacionadas en su gran mayoría, directa o indirectamente, con procesos inflamatorios y metabólicos que contribuyen a la aterosclerosis, dislipemia, hipertensión arterial y resistencia a la insulina y diabetes mellitus tipo 2, y son un posible nexo entre la adiposidad y sus complicaciones.

Además de la modificación de las concentraciones de adipocinas, en el proceso inflamatorio crónico y de bajo grado relacionado con la obesidad y el síndrome metabólico, también destaca el aumento de las concentraciones de marcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva (PCR) y marcadores de disfunción endotelial, como las selectinas y las moléculas de adhesión, todos ellos relevantes en el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Un importante estudio ha señalado que el EPA aumenta la secreción de adiponectina, la cual, en contraste con TNF-alfa y la IL-6, posee un papel favorecedor de la sensibilidad insulínica y protector de la arteriosclerosis, además de tener propiedades antiinflamatorias, tanto en modelos de roedores como en humanos obesos. Debido a que la hipoadiponectinemia ha demostrado incrementar el riesgo de coronariopatía, el efecto beneficioso del EPA puede atribuirse, al menos en parte, a la modulación de los cambios inflamatorios en el tejido adiposo obeso y al incremento de la secreción de adiponectina. El EPA es el único ácido graso poliinsaturado omega-3 que ha probado que puede reducir el riesgo de eventos coronarios mayores, y después de los datos revelados en este estudio, ha demostrado tener una importante implicación terapéutica en las secuelas metabólicas relacionadas con la obesidad.

En las últimas décadas, el conocimiento acerca de las propiedades antiinflamatorias de algunos ácidos grasos ha facilitado el desarrollo de productos adaptados a la nutrición enteral y parenteral que han sido utilizados como terapia en numerosas enfermedades de base inflamatoria.

La suplementación de dietas para nutrición enteral con ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y oleico resulta beneficiosa para el tratamiento de ciertas patologías en las que los procesos inflamatorios participan activamente en su desarrollo, mejorando su evolución y disminuyendo las dosis de fármacos antiinflamatorios que suelen presentar diversos efectos secundarios.

DESARROLLO NEUROLÓGICO DEL FETO

El ácido docosahexaenoico es el principal ácido graso omega-3 en el sistema nervioso central y en la retina, y es durante el tercer trimestre del embarazo y el primer año de vida cuando se acumula de forma más rápida en estas estructuras nerviosas.

Se ha visto claramente que el estado nutricional de la madre es un factor principal que influye decisivamente en estas etapas de desarrollo del feto y del niño lactante.

Estudios en animales han demostrado que una exposición temprana al DHA influencia el sistema de neurotransmisión, especialmente la dopamina, la serotonina, la colina y el ácido gamma butírico y va a programar el sistema de neurotransmisión dopaminérgica y serotoninérgica. Aunque no hay estudios en humanos, estos estudios experimentales permiten suponer que existe en los últimos la misma ventana crítica de DHA para el desarrollo neuronal en humanos.

DESARROLLO NEURO-CONDUCTUAL EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Los lípidos son componentes estructurales de todos los tejidos y son indispensables para la síntesis de las membranas celulares. El cerebro, la retina y otros tejidos nerviosos son particularmente ricos en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Muchos estudios clínicos y epidemiológicos han mostrado efectos positivos de estos ácidos grasos sobre el desarrollo neurológico del niño, así como sobre el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y, más recientemente, otras enfermedades como en el déficit de atención con hiperactividad.

Desde 1950 se conocen los efectos del aceite de pescado y se aconseja un consumo habitual de este alimento, rico en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3. Recientemente, muchas sociedades científicas han recomendado aumentar la ingesta de ácidos grasos omega-3, y concretamente de ácido docosahexaenoico (DHA) en las embarazadas y en la infancia, sobre todo en los prematuros, neonatos y lactantes alimentados con fórmula artificial, así como en aquellos niños con enfermedades crónicas en las que puede existir un carencia de ellos.

En algunos niños existe un trastorno que se caracteriza por un comportamiento inadecuado al requerido para el buen funcionamiento social, denominado trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Los niños que presentan este trastorno tienen problemas para prestar atención, escuchar instrucciones y terminar trabajos. Este comportamiento afecta al rendimiento escolar, las relaciones familiares y las interacciones sociales. Muchos de los niños afectados continúan con este trastorno de adultos y ello les conduce a resultados desalentadores, e incluso algunos terminan con historial de delincuencia.

Un estudio piloto realizado en nueve pacientes muestra que altas dosis de EPA y DHA (16,2 g/d), capaces de disminuir la relación (ácido araquidónico) AA/EPA a menos de 3 resultan eficaces a las 8 semanas de tratamiento (mejoría de la conducta y de la hiperactividad). .

En estos pacientes se ha demostrado una deficiencia de ácidos grasos poliinsaturados omega-3. Mitchell et al. refirieron en un estudio que los niños hiperactivos presentaron concentraciones de DHA significativamente más bajas que los controles. Otro estudio demostró que los pacientes con TDHA tienen significativamente disminuidas las concentraciones plasmáticas y en glóbulos rojos de EPA y DHA, en comparación con los controles.

EFECTOS SOBRE LA VISIÓN

La actividad biosintética de elongación y de desaturación del hígado fetal es muy incipiente debido a la inmadurez fisiológica del órgano de la visión. La placenta humana no tiene la capacidad para elongar y desaturar los ácidos grasos poliinsaturados precursores. Sin embargo, es selectivamente permeable a los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga de origen materno. Este aporte puede provenir de las reservas tisulares de estos ácidos grasos de la madre (principalmente del tejido adiposo), de la actividad biosintética (elongación y desaturación de precursores) y del aporte nutricional de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga preformados. De esta forma, si la madre recibe una alimentación con un aporte adecuado de ácidos grasos poliinsaturados y con una relación omega-6/omega-3 adecuada (desde 5:1 hasta 10:1 en peso), podrá aportar al feto a través del transporte placentario, y al recién nacido a través de la leche, el requerimiento de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga necesario para un desarrollo normal del sistema nervioso y visual. Nutricionalmente, el ácido linoleico es mucho más abundante que el ácido alfa-linolénico, por lo que el riesgo de carencia de DHA es mayor que el riesgo de déficit de ácido araquidónico.

El cerebro es un tejido principalmente lipídico, ya que un 60% de su peso seco está constituido por lípidos; de ellos, un 40% son ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, y de estos un 10% es ácido araquidónico y un 15% es DHA. Dentro del órgano de la visión, es en la retina donde el DHA también se encuentra en una mayor proporción que el ácido araquidónico, constituyendo ambos ácidos grasos más del 45% del contenido de ácidos grasos poliinsaturados.

Un menor aporte de ácido araquidónico y de DHA por parte de la madre significa una menor concentración de estos ácidos grasos en el cerebro y en la retina. Los estudios realizados por diferentes grupos muestran que existe una relación directa entre las concentraciones de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga medidas en los eritrocitos y en el plasma, como una estimación del estado nutricional de estos ácidos grasos, y la agudeza visual y la respuesta a potenciales evocados en los lactantes. Del mismo modo, además de estos efectos beneficiosos sobre la visión, los mayores niveles de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga medidos en lactantes se correlacionan con una mayor capacidad de aprendizaje y de concentración evaluados mediante pruebas específicas aplicadas meses después de finalizada la lactancia. Algunos investigadores han propuesto que el adecuado aporte de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga durante el periodo perinatal puede tener repercusiones en la inteligencia y en la intelectualidad del individuo cuando sea adulto, y también una menor morbilidad.

EMBARAZO

Durante la gestación, e incluso después del nacimiento, el aporte de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga lo realiza la madre, ya que aunque el feto y el recién nacido tienen la capacidad para formarlos a partir de precursores, la velocidad de transformación (elongación y desaturación) del ácido linoleico para formar ácido araquidónico y del alfa-linolénico para formar DHA, parece no ser suficiente para proveer la cantidad requerida por el feto y el recién nacido.

El riesgo de lesión neurológica aumenta en niños pretérmino menores de 1500 g en los que, además de las concentraciones reducidas, se suma la obligación del uso de fórmulas alimentarias mediante nutrición enteral o parenteral carentes o pobres en estos ácidos grasos. Las necesidades son mayores cuando nacen por el rápido enriquecimiento en lípidos que precisan las membranas celulares; de hecho, algunos estudios sugieren que hacer depender este suministro únicamente a partir del ácido alfa-linolénico es insuficiente, especialmente en niños pretérmino, en los que esta actividad enzimática es aún muy inmadura. Desde hace más de diez años han ido apareciendo estudios que valoran el efecto de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 y omega-6 sobre el crecimiento, especialmente en niños pretérmino. No obstante, los resultados que en un principio parecían adversos se han contrarrestado con los de otros estudios en los que hay un efecto positivo sobre el peso.

Las razones de estos efectos no están dilucidadas aún y se han sugerido modificaciones metabólicas de los ácidos grasos omega-3 sobre los omega-6, como alteraciones enzimáticas en el paso de omega-3 a omega-6, inhibición de la síntesis de eicosanoides o alteraciones en la transcripción de genes que controlan la lipólisis y la lipogénesis.

Las depresiones que se presentan durante el embarazo y después del parto constituyen un importante problema de salud pública. Aunque el origen se desconoce, su aparición se asocia a la depleción de ácidos grasos omega-3, estado propio del embarazo, pues la madre traspasa sus reservas al feto para la formación de su cerebro. Así, los suplementos con ácidos grasos omega-3 han demostrado ser eficaces para tratar la depresión tanto en embarazadas como en otro tipo de pacientes y se aconsejan para la prevención y el tratamiento de las depresiones relacionadas con el embarazo. Este tratamiento tiene las ventajas de ser inocuo durante el embarazo y la lactancia, además de traspasarse al feto durante estos periodos, permitiendo su adecuado desarrollo cerebral.
Según estudios observacionales, la depresión posparto es una de las consecuencias de la deficiencia de DHA. Otros estudios también han demostrado una disminución significativa del DHA en mujeres con depresión posparto.

En 2003 se reportó por primera vez el tratamiento de un episodio de depresión mayor en una mujer embarazada de 34 años en la semana 28 de gestación que no quería tomar antidepresivos por temor a la teratogenia. Se le administraron 4 g de etil-EPA y 2 g de DHA al día y mostró mejoría en el ánimo depresivo, en el sentimiento de poco valor, desesperanza y culpa a la semana 4 y desaparición de ideación suicida a la semana 6. El examen físico del recién nacido fue normal.
En mujeres gestantes y durante la lactancia materna se recomiendan al menos 200 mg/d de DHA que se consiguen con la ingesta de dos raciones de pescado a la semana.

MENOPAUSIA

1. Prevención del cáncer de mama

Varios estudios han analizado la posible relación del cociente de ácidos grasos poliinsaturados omega-3/omega-6 y el posible papel que desempeñan en el riesgo del cáncer de mama, y la mayoría de ellos han observado que un cociente más alto puede reducir el riesgo de contraer esta enfermedad.

En cuanto a los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (ácido alfa-linolénico, DHA y EPA), los estudios realizados muestran un efecto inhibidor del crecimiento tumoral mamario y metástasis, tanto en modelos in vivo como in vitro. Los mecanismos biológicos de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 en la carcinogénesis mamaria incluyen una inhibición de la producción de eicosanoides, disminución de la producción de COX-2, alteración de la respuesta de la proteincinasa C al estímulo por hormonas y factores de crecimiento, cambio en la expresión de genes a través de rutas mediadas por PPAR, disminución de la expresión del factor nuclear NF-aß e inducción de la apoptosis celular.

Se ha observado, además, que los esquimales que consumen pescados abundantes en ácidos grasos poliinsaturados omega-3, y los pescadores japoneses que tienen el consumo más alto de pescado per capita en el mundo, tienen concentraciones altas de estos ácidos grasos, como el EPA en la sangre, y ello está relacionado con una menor incidencia de cáncer de mama y de colon.

2. Síntomas climatéricos

El climaterio es una etapa muy importante en la vida de la mujer, es el espacio vital que sigue al periodo reproductivo.

La atención a la salud en el climaterio es un buen momento para desarrollar campañas y acciones de cara a la prevención de enfermedades y la conservación de la salud. Es un instante propicio para revisar los hábitos y estilos de vida, valorar de forma crítica las enfermedades que se hayan podido pasar e identificar sus factores de riesgo, para así proyectar y planear una posterior vida saludable. Por lo tanto, es necesario prevenir las enfermedades cardiovasculares, la osteoporosis, el cáncer genital y no genital. Es fundamental, para una buena salud, el fomento de una nutrición saludable, los suficientes estímulos para conservar el hábito del ejercicio físico y la capacidad de aportar las herramientas necesarias para que la mujer pueda seguir siendo activa a nivel social y familiar.

En las mujeres en menopausia se recomienda una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados omega-3.

Los sofocos son uno de los síntomas más molestos durante la etapa del climaterio y la menopausia. En un estudio se compararon los efectos de un suplemento de E-EPA con un placebo para valorar los sofocos y la calidad de vida en mujeres de mediana edad. Las pacientes que recibieron un suplemento de E-EPA vieron reducida la frecuencia con que aparecían los sofocos en comparación con aquellas que recibieron placebo.

3. Depresión y trastornos afectivos

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, en general, y del DHA, en particular, en la salud mental se derivan principalmente de su importante presencia en las membranas de las células cerebrales, siendo capaces de modular su comportamiento respecto a fluidez y permeabilidad. Sin embargo, existen otros efectos menos conocidos, mediados por sus metabolitos activos (eicosanoides), mediante los cuales participan en la inducción o supresión de genes que directa o indirectamente influyen en la salud mental. Es conocido también que la deficiencia de DHA en el cerebro puede comportar menores concentraciones de serotonina en una época clave del neurodesarrollo y este hecho es la base de los numerosos estudios que relacionan el DHA y determinados trastornos psiquiátricos.

Otro mecanismo de gran interés es la capacidad del DHA para interactuar con proteínas involucradas en la captación y el metabolismo de los fosfolípidos cerebrales, lo que enfatiza su posible relación con enfermedades como la depresión o el Alzheimer.

Determinados trabajos han referido alteraciones estructurales en pacientes con depresión. Destaca una reciente publicación de McNamara et al. en la que estudios necrópsicos muestran un déficit selectivo de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 en el córtex orbitofrontal.

También se han obtenido hallazgos bioquímicos similares en el plasma de enfermos con depresión y trastornos del sueño.

Un estudio epidemiológico realizado en pacientes con trastornos del humor (equivalente depresivo) concluye que la carencia de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 es un factor ambiental modificable de esta enfermedad.

La OMS estima que los desórdenes depresivos mayores serán la segunda causa de incapacidad en el mundo en el año 2020. Los estudios clínicos sugieren que la ingesta de 0,2 - 9,6 g diarios de EPA y DHA puede ser útil en el tratamiento de la depresión en personas mayores y de desórdenes depresivos unipolares y bipolares. Un metaanálisis de ensayos doble-ciego, desde 1966 hasta 2006 (MEDLINE, Embase, y PsycINFO), sobre la eficacia de los ácidos grasos omega-3 como antidepresivos sugiere que 1 g de EPA al día puede ser suficiente para inducir una reducción en la valoración de la escala de Hamilton (HAM-D) y de Montgomery-Asberg (MADRS) para la depresión en personas con episodios depresivos.

DESARROLLO COGNITIVO EN LA EDAD ADULTA. EFECTOS SOBRE LA MEMORIA

El DHA constituye el 60% de los PUFA de las membranas de las células neuronales.

Se requieren niveles adecuados de DHA para mantener unas funciones cerebrales normales: neurotransmisión, plasticidad sináptica para un correcto desarrollo cognitivo, agudeza visual y mantener la memoria. Un déficit de DHA provoca:

  • Alteraciones del metabolismo neuronal, afectando especialmente a la densidad de vesículas sinápticas y a la secreción de neurotransmisores.
  • Disminución de la flexibilidad de las membranas neuronales necesaria para su normal funcionamiento en la transmisión de la información axonal, la regulación de las enzimas unidas a la membrana y el control de los canales iónicos y de varios receptores.

El DHA puede jugar un papel clave en la estructura y función de las regiones cerebrales implicadas en la formación de memoria nueva. Se han asociado de forma directa los niveles de DHA en el hipocampo con la ingesta dietética, y los niveles más altos han mostrado aumentar los procesos de desarrollo cognitivo como el aprendizaje, dependientes del hipocampo. Se ha postulado que un aumento de la neurogénesis y de la densidad neuronal en esta región asociada a los niveles de DHA comporta una mayor formación de memoria.

EFECTOS SOBRE LA PIEL

Los ácidos grasos poliinsaturados de la dieta son precursores de los eicosanoides. En este sentido, la suplementación de la dieta de pacientes con alteraciones de la piel como la psoriasis (una enfermedad cutánea proliferativa inflamatoria) con aceite de pescado que contiene n-3 PUFA (EPA y DHA) ha demostrado aliviar las lesiones de la dermis con resultados de moderados a excelentes. Ello nos proporciona una herramienta adyuvante o alternativa para el tratamiento de la psoriasis con mínimos o ausentes efectos secundarios.

Las dietas suplementadas con EPA y DHA van a alterar el perfil endógeno de los ácidos grasos en los fosfolípidos de la epidermis. Tras la liberación hidrolítica de los PUFA de los fosfolípidos, van a ser metabolizados por la 15-lipoxigenasa epidérmica a 15-HEPE (ácido15-hiroxieicosapentaenoico) y 17-HoHEPE (ácido 17-hidroxidocosahexaenoico) los que disminuyen la síntesis de eicosanoides proinflamatorios a partir de las células polimorfonucleares infiltrantes en la epidermis

PAPEL DE LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 EN EL CÁNCER

1. Mecanismo de acción

La palabra cáncer reúne varias afectaciones que tienen en común el crecimiento desordenado e incontrolado de células que pueden invadir y destruir tejidos y extenderse. Una célula normal se puede trasformar y crecer de forma descontrolada por diferentes factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de una enfermedad neoplásica. Las proporciones relativas de ácidos grasos en las membranas celulares y el tipo de célula son los factores primarios en la regulación de la producción de compuestos eicosanoides. La prostaglandina E2 (PGE2), el leucotrieno B4 (LTB4), el tromboxano A2 (TXA2) y el ácido 12-hidroxieicosatetraenoico se asocian positivamente con la carcinogénesis y los ácidos grasos omega-3 pueden reducir el riesgo de cáncer al suprimirlos competitivamente. En este sentido, es importante señalar que la potencia del ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA) es cinco veces mayor que la del ácido alfa-linolénico y que, especialmente en las células cancerígenas, la eficacia de la conversión del ácido alfa-linolénico en EPA y DHA es relativamente baja.

La familia de los PPAR (receptores activados por proliferadores peroxisomales) está constituida por PPARa, PPARd/ß y PPAR? (con sus isoformas ?1, ?2 y ?3), y heterodimerizan con el receptor nuclear RXR (ácido 9-cis-retinoico). Estos factores de transcripción están implicados en la regulación del metabolismo lipídico y la homeostasis, pero también modulan la proliferación y la diferenciación celular. La activación de PPARa y PPAR? se relaciona con los efectos anticancerígenos de los ácidos grasos omega-3.

Los ácidos grasos omega-3 tienen la capacidad de reducir el crecimiento de células cancerígenas humanas y de recuperar el sistema inmune de las personas afectadas por distintos tipo de cáncer. El consumo de ácidos grasos omega-3 también contribuye a dificultar la movilidad de las células cancerígenas, por lo que reduce el riesgo de invasión y metástasis en los enfermos de cáncer. Esto es importante, pues la mayoría de las muertes por cáncer se deben a los tumores secundarios que surgen tras la metástasis.

Los ácidos grasos omega-3 poseen un efecto anticancerígeno en el cáncer de colon, mama, en la leucemia y en el melanoma maligno cutáneo, al detener el crecimiento de las células cancerígenas. Por ello, su consumo en la cantidad necesaria es muy importante, sobre todo, sabiendo que el 80% de los tumores malignos están causados por factores ambientales y hábitos de vida, lo que quiere decir que se podrían evitar un elevado número de cánceres. Mediante la ingesta de ácidos grasos omega-3 es posible reducir la dosis, el tiempo y los ciclos de la quimioterapia y, por tanto, mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer.

Pratt et al. señalaron en distintos tipos de cáncer (páncreas, próstata, yeyuno, colorrectal, pulmón, mama y otros) con metástasis y sin ella, cifras anormalmente bajas de las concentraciones plasmáticas en los fosfolípidos de ácidos grasos omega-3 y del cociente ácidos grasos omega-3 y omega-6, en especial en aquellos pacientes con un índice de masa corporal menor y después de recibir quimioterapia. Estudios prospectivos han demostrado que en los países donde la ingesta de pescado es mayor (entre 0,5 y 1,5 g diarios de ácidos grasos omega-3) el riesgo relativo de cáncer de mama (30%) y de próstata (60%) es significativamente menor.

Además, por cada 0,5 g diarios de ácidos grasos omega-3 que se aumentan en la dieta se reduce un 24% el riesgo de metástasis. Estudios clínicos en Fase I han determinado que la dosis máxima tolerable diaria de ácidos grasos omega-3 es de aproximadamente 0,2 g por kg de peso corporal..

TIPOS DE CÁNCER

Cáncer de mama

La enzima ácido graso sintasa (FAS) regula la biosíntesis de novo de ácidos grasos. Se ha descrito la hiperactividad y la sobreexpresión de FAS (antígeno-519 oncogénico) en algunos carcinomas de mama particularmente agresivos, lo que indica la existencia de una lipogénesis neoplásica dependiente de FAS. Estudios realizados en células humanas SK-Br3 de cáncer de mama demuestran que el EPA y DHA pueden reducir en un 37% la expresión de FAS.

Cáncer de próstata

Los ácidos grasos omega-3 tienen la facultad de potenciar la citotoxicidad de algunos fármacos que actúan contra el cáncer de mama (paclitaxel, cerulenina, doxorrubicina y cisplatino) pues aumentan su captación por las células cancerígenas y actúan superando la resistencia de dichas células al tratamiento de la quimioterapia.

Algunos estudios han demostrado la importancia de los ácidos grasos omega-3 en la eficacia de mitoxantrona, vindesina, ciclofosfamida, 5-FU y epirrubicina en las mujeres con cáncer de mama; aquellas con una mayor concentración de ácidos grasos omega-3 [ácido docosapentaenoico, EPA 22:5(?-3) y DHA] en el tejido adiposo de la mama fueron las que mejor respondieron al tratamiento farmacológico.

Cáncer de colon

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 pueden tener propiedades antineoplásicas en el colon.

Estudios en animales y algunos ensayos clínicos sugieren que los suplementos de aceite de pescado pueden reducir la inflamación y tener propiedades anticancerígenas. Un estudio realizado en personas de raza blanca y afroamericanas mostró que el riesgo de cáncer de colon disminuía a medida que aumentaba el consumo de los dos principales ácidos grasos presentes en el aceite de pescado (EPA y DHA).

Los estudios in vitro con células humanas cancerígenas e in vivo con animales de experimentación determinan el papel crucial de estos ácidos grasos en la etiología del cáncer, y se corresponden con los estudios clínicos que indican una reducción de la hiperproliferación intestinal tras la ingesta de ácidos grasos omega-3 en pacientes con elevado riesgo de cáncer de colon.

En la Conferencia de Investigación para la Prevención del Cáncer realizada por la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer, un grupo de científicos presentó diversos datos que revelaban que el consumo de ácidos grasos omega-3 puede ayudar a evitar el cáncer colorrectal. Los efectos obtenidos van desde la reducción del crecimiento del tumor hasta la supresión e inhibición de la metástasis (el proceso de formación de un nuevo tumor