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La molécula de la vida.

La molécula de la vida.

Entrevista con el Doctor Demetrio Sodi Pallarés.
Doctor Demetrio Sodi Pallarés.Doctor Demetrio Sodi Pallarés.

Cardiólogo de 87 años y prestigio mundial, el Dr. Sodi Pallarés es el creador de una terapia orientada a la producción de la molécula ATP —única en organismo que produce al desdoblarse— logrando excelentes resultados en enfermedades graves. Desde problemas de corazón a enfermedades autoinmunes como la artritis reumática o la esclerosis múltiple pasando por enfermedades reumáticas degenerativas e, incluso, algunos cánceres. El Dr. Javier Rodiño lo ha entrevistado para nuestros lectores.

Pocas cuestiones en el ámbito de la biología, la bioquímica y la medicina han suscitado en los últimos tiempos tanto interés por parte de diferentes investigadores como todo lo relacionado con la molécula ATP (Adenosina Trifosfato) y su síntesis. Y la razón es obvia: esa molécula —que el organismo produce en las mitocondrias durante la respiración celular— es el «transportador» universal de energía de nuestro cuerpo, necesaria para la gran mayoría de las funciones de los seres vivos y sin la cual la vida no sería concebible, al menos tal y como la conocemos.

Pues bien, cuando la molécula de ATP se subdivide la alta carga energética acumulada en ella se libera —como si de una bomba atómica se tratara—, energía que utiliza luego el organismo para todo lo que precisa.

No es de extrañar pues el interés que siempre ha suscitado. De hecho, la han estudiado en profundidad desde Severo Ochoa —en el laboratorio berlinés de Meyerhof— hasta el estadounidense Paul Boyer, el británico John Walker y el danés Jens Skou, premios Nobel de Química 1997 (compartido). Aunque sería el prestigioso investigador Fritz Lipmann quien se daría cuenta de la cantidad de aplicaciones fisiolóficas que tenía el ATP como donador universal de energía y hasta qué punto es indispensable en el proceso vital y curativo del ser humano.

Sin embargo, sería el eminente cardiólogo mexicano Demetrio Sodi Pallarés quien, dada su condición de médico, tendría la oportunidad de llevar por primera vez los conocimientos científicos a la práctica clínica dando lugar con el tiempo a una metodología —el tratamiento metabólico— que supuso un hecho histórico que ni siquiera la mayor parte de sus compañeros han sabido valorar hoy en su justa dimensión.

Claro que ello puede deberse a que Sodi Pallarés no duda en afrimar que su tratamiento, orientado a la producción de ATP por las células del organismo, consigue resultados muy superiores a los obtenidos con los tratamientos hahituales de la cardiología moderna. Y más de uno se siente muy molesto por ello.

Cuando supimos que en mayo venía a España, nos faltó tiempo para buscarle. Y tras conversar brevemente con él, accedió amablemente a atendernos en el hall del hotel en el que se hospedaba, a donde acudió acompañado del también cardiólogo español José de la Hoz y Fabra —hoy ya retirado—, amigo y defensor de su tratamiento. Una vez con él, entramos directamente en materia.

—Doctor, ¿en qué consiste, de forma resumida, el tratamiento metabólico?.

—El tratamiento metabólico se desarrolla en tres grandes capítulos. El primero consiste en seguir una dieta baja en sodio y rica en potasio. El segundo, proporcionar por vía intravenosa al enfermo soluciones polarizantes de insulina, glucosa y potasio. Y, en tercer lugar, someter su organismo a la acción de Campos Magnéticos Pulsantes (no a campos magnéticos constantes como el de los imanes).

Las tres acciones tienen como finalidad favorecer la producción por las células del organismo de la molécula ATP. Esta molécula, a la que me gusta llamar «la molécula de la vida», es —como sabe— la encargada de aportar la energía para todas las funciones del cuerpo humano y, por tanto, imprescindible también para todo proceso curativo.

El Doctor José de la Hoz y Fabra, el Doctor Demetrio Sodi Pallarés, el Doctor Javier Rodiño y Doña María Paz Gómez.
Sobre estas líneas, y de izquierda a derecha, el Doctor José de la Hoz y Fabra, el Doctor Demetrio Sodi Pallarés, el Doctor Javier Rodiño y Doña María Paz Gómez durante la entrevista concedida a Discovery DSalud.

El mismo ADN, para sintetizarse, necesita 72.000 moléculas de ATP por segundo. Luego hasta los genes, en cierta medida, dependen del ATP.

—Pero usted ha centrado su trabajo en el ámbito de la Cardiología. ¿Podemos saber con qué resultados?.

—Con resultados magníficos. Hablemos primero de la angina de pecho. Pues bien, he de decir que ésta desaparece rápidamente sólo con seguir una dieta baja en sodio y rica en potasio. ¿Y por qué ocurre así?, me preguntará. Verá. en el corazón se dan dos tipos de lesiones (necrosis). En primer lugar, cuando se obstruye un vaso coronario, al no llegar riego sanguíneo al corazón se produce una lesión que produce una dilatación del mismo en forma de saco, un abombamiento. Es lo que se conoce como una «necrosis blanda».

Pero hay otro tipo de lesión que ha sido ignorada por los cardiólogos. Me refiero a la necrosis dura, tipo de lesión descubierta por Hans Selye al estudiar el estrés. Porque resulta que el estrés produce, sobre todo, un aumento de catecolaminas, hormonas que introducen el sodio dentro de las células provocando su muerte. Y es así como se produce la necrosis dura. Bien, pues, como digo, ésta desaparece simplemente siguiendo una dieta baja en sodio. Es decir, la angina de pecho desaparece aunque persista la oclusión.

—Cuando habla de eliminar el sodio de la dieta no se refiere sólo a la sal común de mesa...

—Me refiero a que hay que eliminar el ión sodio del interior de las células. Para ello es necesario, efectivamente, suprimir la sal de mesa de la alimentación porque contiene mucho sodio pero también todos los alimentos que lo contengan en abundancia. Sólo así podrá eliminarse el sodio intracelular y aumentar el potasio imprescindible para que la célula pueda sintetizar el ATP preciso para todo proceso curativo.

—Usted asegura que con el tratamiento metabólico es posible incluso tratar enfermedades graves del corazón...

—El tratamiento metabólico es eficaz incluso en enfermos en los que la única solución, según la cardiología convencional, sería el trasplante cardiaco. El primer caso de estos que traté, hace ya muchos años, era una monja a la que se la iba a realizar un trasplante cardiaco en Transilvania. Acudió a mí porque había leído el daño que hacían los diuréticos que ella tomaba. La tratamos y, aunque su corazón mejoró, no lo hizo en gran medida ya que su cardiopatía era de tipo hipertrófico. A pesar de ello, la mujer vivió 9 años más hasta morir de edad avanzada.

El corazón mejora mucho en las miocardiopatías dilatadas: en esos casos los resultados son extraordinarios. Hemos tratado ya con éxito a siete personas que, gracias al tratamiento, no han precisado someterse a un trasplante de corazón.

Serie de radiografías.
Obsérvese, en la parte superior de la derecha, el estado inicial de abombamiento del corazón del paciente del Doctor José de la Hoz y Fabra y, debajo, cómo fue recuperando su tamaño normal siguiendo el tratamiento metabólico.

Hace poco lo logramos con una enferma que iba a ser trasplantada en el mejor centro de México, el Siglo XXI, donde va han realizado varios trasplantes cardiacos aunque ninguno de los trasplantados sobrevive a día de hoy. La paciente tenía una cardiopatía dilatada y la respuesta al tratamiento metabólico fue espectacular. Cuando volvió a ver al médico que la trataba y le presentó nuestras radiografías, éste se limitó a decirla que yo la había engañado, que esa mejoría no era posible. Luego, cuando hicieron sus propias comprobaciones, se quedaron impresionados.

El doctor José de la Hoz y Fabra, presente en la conversación —como ya comenté—, consciente de la importancia del asunto, interviene para confirmar la veracidad de tan espectaculares resultados. Y nos muestra entonces las radiografías de un paciente al que iban a efectuar un trasplante cardiaco en la Universidad de Navarra. El corazón del paciente estaba totalmente dilatado pero tras el tratamiento empezó a mejorar de manera progresiva hasta llegar a una normalización completa tanto de su tamaño como de su función (ver las fotografías que acompañan este reportaje).

—Tengo entendido que ustedes denuncian también que los tratamientos más habituales utilizados por los cardiólogos son altamente tóxicos. Toxicidad que va dirigida hacia el corazón que, paradójicamente, se pretende sanar. Y afirman incluso que en ocasiones tales tratamientos pueden colaborar de manera importante en el agravamiento del enfermo y de que luego precise el trasplante. Si eso es cierto estaríamos ante una praxis médica tremendamente errónea dc enormes repercusiones sanitarias.

—Ciertamente. pero es así. En primer lugar, hablemos del uso de diuréticos. Estos debilitan el propio músculo cardiaco, ya de por sí enfermo. Tenemos los informes de todos los congresos realizados en Estados Unidos en los que se desaconseja su uso. Sin embargo, se siguen utilizando. Y no podemos estar de acuerdo con esa práctica. El uso prologado de diuréticos durante años produce una alteración en la estructura de la actina, una de las miofibrillas que forman la musculatura del corazón. Esta alteración provoca el debilitamiento progresivo de la musculatura colaborando de esa manera al agravamiento del enfermo hasta el punto de tener que necesitarse en ocasiones el trasplante cardiaco.

Pero también está la famosa digoxina. Esta produce una lesión subendocárdica. Nosotros no planteamos que no se use pero debería hacerse con una dieta baja en sodio y rica en potasio y no, como actualmente se hace, con una dieta baja en colesterol. Cuando se reduce el colesterol de la dieta el organismo se defiende produciendo más. Y los médicos, para evitar eso, dan entonces un fármaco a fin de inhibir una de las enzimas del hígado: la reductasa. Y así se forma menos colesterol, ciertamente, pero aparecen entonces miopatías, insuficiencia hepática e, incluso, cáncer. De hecho, porque se demostró que producía cáncer eliminaron ya antes el clofibrato.

Mire, no podemos estar en contra de las leyes naturales: el colesterol de baja densidad o «colesterol malo», el LDL, el más temido por los cardiólogos, cuando hay ATP es utilizado por las membranas celulares y deja de ser peligroso. Eso puede leerse ya hasta en los últimos libros de biología molecular.

—Una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo publicó recienteniente un interesante artículo en el que se hacía referencia a los daños de revascularización. Es decir, comentaba el hecho de que un tejido que había sido lesionado por falta de riego sangíneo a causa de una obstrucción vascular, volvía a lesionarse cuando le llegaba de nuevo flujo sanguíneo. La explicación ofrecida es que se debía a un aumento brutal en la zona de radicales libres.

—Sí, eso es así. Y es muy importante evitar ese fenómeno. Desgraciadamente, no se hace y eso ensombrece el pronóstico, por ejemplo, de los enfermos a los que se realiza cirugía de revascularización. Por eso nosotros aconsejamos el uso de sueros polarizantes durante el acto quirúrgico ya que tienen una fuerte acción captadora de los radicales libres, sobre todo del más peligroso de ellos, el temido grupo hidróxilo OH, ante el que el organismo se encuentra bastante indefenso.

—¿Hay algún centro de prestigio que siga actualniente el tratamiento metabólico con los enfermos de corazón?.

—Mucho menos de lo que me gustaría. Pero en Estados Unidos, por ejemplo, lo está aplicando actualmente el Departamento de Cardiología de la Universidad de Houston, en Texas. Y han publicado ya numerosos trabajos en los que se habla de una reducción de la mortalidad hasta del 75%.

—Usted afirma en su libro Magnetoterapia y tratamiento metabólico que su técnica es válida también en los casos de otras enfermedades graves para las que la medicina convencional apenas aporta soluciones míniniamente eficaces. A nivel particular, como médico, lo he probado con una paciente que quisiera presentarle y que me acompaña. Se trata de Mari Paz Gómez. Diagnosticada como enferma de SIDA, tenía 19 CD4 cuando empecé a tratarla. Tras un mes con su tratamiento metabólico no sólo ha recuperado 15 kilos de peso sino que su cifra de CD4 se ha elevado a 330. A mi me parece, sencillamente, algo excepcional. ¿Cómo explica la amplitud de acción terapéutica de su tratamiento?.

—La verdad es que nosotros estudiamos cómo mejoraba, fundamentalmente, el tejido lesionado producido por la oclusión coronaria. Después, el doctor B. J. Trump estudió cinco tipos de lesiones: el infarto de corazón, la lesión de hígado producida por el tetlacloruro de carbono, la lesión renal producida por el bicloruro de mercurio y dos tipos de cáncer. Bien, este hombre se planteó que si las cinco lesiones eran similares, ¿por qué no iba a funcionar el mismo tratamiento en todas ellas?. Y así sucedió.

Mire, en toda lesión se introduce el sodio en las células, se pierde el potasio, aumenta el ácido láctico, disminuye el PH y, en consecuencia, disminuye la formación de ATP. Con el tratamiento metabólico se corrigen estos trastornos básicos. Y así —y lo ha comprobado usted mismo—, ayuda hasta en los casos de SIDA. De hecho, nosotros hemos tratado también a enfermos de SIDA que han mejorado notablemente.

Y lo mismo ocurre con algunos tipos de tumores. No digo que los curemos pero sí hemos conseguido alargar a los pacientes la vida de manera indefinida, lo que puede considerarse, de alguna manera, otra forma de curación. Aunque estos pacientes, en concreto, deben realizar el tratamiento de manera ininterrumpida.

En suma, el tratamiento metabólico está indicado en numerosas dolencias aunque no pueda ser considerado una especie de panacea terapéutica. Pero mejora la capacidad defensiva del organismo y por eso no es de extrañar que en ocasiones se obtengan resultados extraordinarios en enfermedades muy diferentes y de distintas especialidades médicas. Por ejemplo —y por nombrar algunas que ya han respondido bien—, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, las descalcificaciones severas... En general, no se debe desperdiciar esta opción terapéutica en cualquier paciente que presente enfermedades de difícil tratamiento.

Recuerdo un caso singular, el de un paciente que tenía una vértebra aplastada tras un accidente. Le quisimos ayudar con el tratamiento pero no conseguimos nada. Entonces le operaron y le pusieron un «puente de sujeción» para evitar los dolores y otras complicaciones. Volvió entonces a vernos, le hicimos de nuevo el tratamiento y, ante nuestra perplejidad, empezaron a aparecer huesecillos —que podían verse nítidamente en las radiografías— hasta que se regeneró toda la vértebra. Es algo que nos dejó asombrados incluso a nosotros.

—Quisiéramos terminar diciéndole que nos ha sorprendido gratamente el hecho de que, siendo usted un especialista de renombre internacional, haya afirmado varias veces que ser especialista, en Medicina, no es una ventaja sino una limitación.

—Aunque el paradigma de que no hay enfermedades sino enfermos es aceptado por todos los médicos, la verdad es que la mayoría desconoce el sentido real de esa afirmación. Los cardiólogos, por ejemplo, sólo ven un corazón enfermo al que hay que tratar... y exclusivamente con los tratamientos que ellos conocen. Porque son incapaces de reconocer mejorías en enfermos que han sido tratados con técnicas para ellos desconocidas. A mis 87 años creo poder afirmar que la gran mayoría de los cardiólogos no quieren escuchar. Y eso, a pesar de que en muchas ocasiones los resultados con el tratamiento metabólico han sido realmente excepcionales.

Ustedes, en España, tienen en estos momentos un problema de salud muy importante. Y me refiero a los enfermos que están esperando a que se les realice un trasplante de corazón. Bueno, pues me parece una ocasión inmejorable para demostrar que el tratamiento metabólico puede dar solución a muchos de estos pacientes. Nosotros, desde luego, estamos dispuestos a colaborar.

Fueron sus últimas palabras. Quienes conocen en profundidad el trabajo de Demetrio Sodi Pallarés afirman que un día recibirá el Premio Nobel. Nosotros también lo creemos, pero eso no será pronto porque su trabajo ha sido insuficientemente analizado. Y dudamos que alguna multinacional farmacéutica vaya a costear los gastos millonarios que eso implica. ¿Y por qué?, se preguntará el lector.

Pues, sencillamente, porque el tratamiento metabólico, debido a la sencillez de sus componentes no ofrece la posibilidad de ser patentado. Y donde no hay negocio, no hay inversión. Salvo que las autoridades tomen la decisión de actuar por entender que el asunto es importante y de interés general. Claro que para eso sería necesario que tales autoridades estuvieran informadas, no estuvieran mediatizadas por los lobbys de poder y tuvieran de verdad interés en buscar soluciones a los problemas de salud de la población sin ir a remolque de lo que imponen las multinacionales. Y ese tipo de responsables políticos apenas existe. Esa es la penosa verdad.
Doctor Javier Rodiño.

Tomado de Discovery DSalud. Número 20. Septiembre de 2000.

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