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Nos sentimos realmente satisfechos de saber que cada vez es mayor el interés suscitado por parte del profesional de la salud en conocer los mecanismos de actuación de los métodos naturales de salud, teniendo en cuenta la relación entre la mente y el cuerpo a través de energías que se comunican de una manera constante, lo cual nos hace darnos cuenta como nuestros pensamientos, sentimientos y la parte física están en relación; todo esto nos hace acercarnos cada vez más a una nueva rama de la medicina que actualmente se conoce como la psiconeuroinmunologia o la medicina psicosomática.

Dado que nuestra especialidad profesional es el de uso las esencias florales y la terapia regresiva, nos centraremos en este escrito básicamente en éstas, pero por supuesto, nos gustaría que estos conocimientos estén totalmente abiertos y sean extensibles a otras técnicas naturales, ya que al fin al cabo, todos estamos trabajando con las emociones, el cuerpo biológico y el campo energético.

Hoy en día, sabemos que el paciente demanda cada vez más una explicación con cierta rigurosidad científica de qué son (en nuestro caso) las esencias florales (especialmente por ser algo a ingerir) y sus mecanismos de actuación, en qué parte del cuerpo actúa, porqué es necesario volver a contactar con las emociones que tenemos en el inconsciente, etc.

Por otro lado, es importante que cada vez vayamos tomando mayor conciencia en el hecho de ir aportando un aumento en los estudios de investigación para llegar a una verdadera metodología científica, lo cual nos guste o no, será muy importante ya que supondrá en un futuro cercano la posibilidad de verdaderamente poder integrar estos métodos naturales al campo de la salud pública en España, lo cual redundará en el beneficio profesional de todas las prácticas terapéuticas naturales y en un mayor alcance para la población en general.

Asimismo estas investigaciones científicas podrán ser "la puerta de entrada" para la falta de credibilidad de ciertas personas, que rápidamente tienden a decir: "yo no creo en eso... ó eso es una tontería" (expresiones basadas exclusivamente en su propio desconocimiento), o poder hacer de su uso una extensión utilizable en los hospitales, empresas, etc.

En este articulo sólo podemos dar unas "pinceladas" ya que normalmente en nuestros cursos de esencias florales antes de comenzar a explicar los patrones emocionales de las flores empleamos varias horas en explicar el contenido que aquí expondremos de una manera muy breve.
- ¿Cómo afectan las emociones a la salud? ¿Por qué enfermamos? ¿Por qué sufrimos? ¿Cómo estas emociones se transforman en reacciones bioquímicas y finalmente se somatizan en los diferentes órganos...? ¿La somatización en el cuerpo qué sentido tiene? ¿Puede ser el cuerpo utilizado como una forma de drenaje de las emociones y las sensaciones ancladas en el alma ?

- Qué es el campo electromagnético, qué pruebas científicas existen acerca de su existencia desde un punto de vista de la física y la biología.

- ¿Cómo actúan las esencias florales en dicho campo?.

- ¿Qué proceso metabólico ocurre en la célula vegetal de las flores desde que incide un fotón de luz solar.

- ¿Qué ocurre con la sustancia del agua? ¿Qué experimentos existen acerca de la "memoria del agua"?

- ¿Cómo ha sido la evolución desde los organismos unicelulares presentes en el océano hace millones de años hasta las especies florales que el Dr. Bach descubrió?

- ¿Qué rasgos botánicos hemos de tener en cuenta para poder entender el dinamismo inherente de la flor?

- ¿En qué conflictos psicoemocionales pueden ayudarnos las esencias florales?
Brevemente vamos a desarrollar algunos puntos:
La rama que estudia las relaciones neuroendocrinas que unen el alma con el cuerpo, se llama psiconeuroinmunología, esta es la ciencia dentro de la medicina clásica que más se acerca al entendimiento de la energética vibracional, ya que estudia las relaciones de los impulsos sensoriales en el cerebro, las funciones nerviosas, los cambios en los niveles hormonales y las reacciones inmunitarias.

Nuestro cuerpo refleja todo lo que ocurre en la mente y manifiesta nuestros sentimientos, pensamientos conscientes e inconscientes. La mente no va por un lado y el cuerpo por otro, ambos actúan intercomunicándose a través de las energías que fluyen por todo el organismo.

Todos estamos condicionados por numerosos estímulos externos e internos, muchos de ellos son las experiencias excluidas de nuestra conciencia como pueden ser los traumas, pautas de conducta reprimidas, patrones heredados, influencia de las figuras parentales, programas educacionales e interacción con el entorno social..., todos estos estímulos y más son registrados por la corteza cerebral o neocortex (parte más joven del cerebro), y se transforman en sentimientos y emociones en el sistema límbico (zona intermedia del cerebro).

De aquí son transformados en reacciones corporales bioquímicas a través del hipotálamo, el cual recoge estos mensajes tanto del consciente como del inconsciente y los pasa a la glándula pituitaria o hipófisis, la cual actúa como la directora de la orquesta endocrina.

Por tanto, la actividad límbica une el estado emocional con el sistema endocrino, de modo que desempeña un importante papel en la relación psicosomática. El organismo, entonces, recibe los mensajes de las pautas de pensamientos y actitudes.

Cuando sufrimos un fuerte estrés, las hormonas liberadas por las glándulas suprarrenales, reprimen el sistema inmunitario y nos hacen más vulnerables a las enfermedades ó cuando estamos con emociones tales como rabia, odio, celos... en definitivas opuestas al amor, al estar el timo (éste se encarga de fabricar las células T para la lucha contra cualquier enemigo que entre en el organismo) cerca del corazón, se ve influenciado por la energía en la cual vibre éste, es decir, de manera que al no vibrar en amor, bajan las defensas del sistema inmunológico haciéndonos más vulnerables a infecciones y enfermedades.

Existe una relación entre el tipo de emoción y el órgano donde se somatiza. Así, determinadas emociones que se somatizan con el hígado, según los especialistas en comportamiento animal (etólogos) lo llaman Conflictos Territoriales; por ejemplo, si hemos perdido nuestro trabajo, un rol o una función que considerábamos nuestra, esto no lo podemos digerir y sentimos rencor, de hecho decimos sentir un "odio visceral’’ y nos señalamos el hígado; este conflicto no elaborado se termina somatizando y con el tiempo se desarrollará probablemente una enfermedad orgánica.

En definitiva, el mensaje que enviemos al organismo, ya sea consciente o inconsciente, ya sea positivo o negativo, como la ira, amargura, depresión, soledad, aflicción, miedos, crítica, intolerancia, … será al que responderá nuestro cuerpo causando probablemente más daño que las situaciones externas, por ello es fundamental un "darse cuenta" que no es tanto la situación externa que nos acontece sino como reaccionamos ante esa experiencia basado en "nuestras re-estimulaciones inconscientes".

Con las esencias florales o la terapia regresiva, podemos trabajar profundizando en los mensajes que transmitimos al cuerpo, de hecho, el Dr. Cabouli escribe como el cuerpo puede ser utilizado como una forma de drenaje de las emociones y sensaciones que están ancladas en nuestro alma para que así puedan tener una "salida".

Traer un trauma a la conciencia y vivenciarlo de nuevo, esto supondrá una gran catarsis emocional conocida como abreacción, en la cual se producirá una gran movilización energética, desapareciendo la estructura del trauma y modificándose todo el sistema psíquico, alcanzándose una comprensión diferente y superior.

El Dr. Cabouli, experto en terapia regresiva, escribe en su libro de Terapia de Vidas Pasadas, que,
"de alguna manera esto lo podríamos ilustrar con el modelo de las estructuras disipativas elaborado por Ilya Prigogine, premio Nobel de Química en 1977. Las estructuras disipativas son estructuras abiertas que intercambian energía, donde las formas y las estructuras son mantenidas por una disipación continua de energía. Las grandes fluctuaciones de energía producen una ruptura de la estructura antigua que se reorganiza entonces de una manera más compleja y elevada. De alguna manera, el sistema se escapa a un orden superior".
Para poder observar los procesos que ocurren a un nivel bioenergético, hay que recurrir a técnicas que permitan observar las variaciones energéticas de los seres vivos, como es en el caso de la electrofotografía.

Diferentes experimentos demuestran la dualidad del electrón, es decir, éste es capaz de actuar tanto como onda o como partícula, por tanto con esta conclusión se constata la famosa ecuación de Einstein de la e=m.c2, esto significa que no sólo puede convertirse la materia en energía, sino que también debería ser posible convertir la energía en materia, es decir la energía y la materia son dos manifestaciones diferentes de una misma sustancia, de la que está compuesto todo el universo.

La materia física sería la densa, y posee una frecuencia baja o vibración lenta, por lo que puede ser vista por el ojo humano; sin embargo la materia que vibra a velocidad superior a la luz sería la sutil, la que no se ve, pero no significa que no esté, esta seria el campo bioenergético o electromagnético, por tanto, podemos decir que ambas son igual de reales.

Por ello, el modelo einsteniano contempla al ser humano como redes de campos complejos de energía en conexión con los sistemas físicos/celulares.

Desde un punto de vista biológico se ha observado con diferentes experimentos que el campo bioenergético actúa como una especie de plantilla que es capaz de restaurar cualquier daño inflingido en la célula ("experimento de hoja fantasma") y además posee un patrón holográfico, es decir, en una pequeña cantidad es capaz de tener la información del todo. Tal y como actúan las esencias florales, no de forma sintomática y parcelaria, sino de forma global y holográfica.

Esta forma de entender al hombre nos hace posible comprender el modo de actuación de las esencias florales como energética vibracional; dicho de otra manera, los patrones energéticos de las flores actúan sobre el campo electromagnético, en realidad, su forma de actuación es a modo de restauración de las pérdidas de frecuencia (producidas por los estímulos externos e internos), lo cual ayudará a equilibrar el nivel emocional y por ende al nivel fisiológico.

Actualmente con los métodos habituales químicos-analíticos que utiliza la ciencia convencional, no se pueden aislar sustancias activas moleculares en las esencias florales. Debemos tener en cuenta que estamos trabajando con patrones energéticos, dirigidos a desarrollar la virtud opuesta al defecto, tal y como se basan las enseñanzas del Dr. Bach, y sólo así podremos ser los auténticos directores de nuestras vidas y nuestro devenir en todas sus manifestaciones.

En el proceso de elaboración de los elixires, las flores son maceradas en un cuenco de cristal con agua de manantial por método de solarización (se exponen al sol) o de ebullición. En las células vegetales se produce el proceso metabólico de fotosíntesis.

De esta manera ya se ha transferido el patrón energético de la esencia floral al agua.

Bisfenol A: Como un caramelo envenenado.

El Bisfenol A esta en todos los envases plásticos y en un sinnúmero de productos de la vida moderna. En el articulo se detalla las dimensiones del peligro a que nos exponemos ahora y para nuestras futuras generaciones.

Fuente: http://www.elconfidencial.com

Hace casi ochenta años, desde que fue descubierto, el bisfenol A se encuentra en el punto de mira de los profesionales sanitarios, pero nunca hasta este preciso momento los científicos se habían encontrado con tal cantidad de datos que refrendasen los peligros que dicho compuesto puede acarrear. El bisfenol A se encuentra en un gran número de productos que utilizamos en nuestra vida cotidiana ya que forma parte del plástico policarbonado, que conforma los envases de determinados productos alimenticios, los CD o, incluso, los biberones infantiles. Este mismo martes, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia (Anses) ha publicado uno de los informes más alarmantes respecto al BPA, en el que asegura que puede ser altamente dañino para las generaciones venideras, especialmente en lo que respecta al cáncer de pecho. Se trata de un compuesto que, en mayor o menor grado, se encuentra en el organismo de todas las personas, y que se elimina a través de la orina.

Hasta la fecha, los Informes de Evaluación de Riesgo realizados por la Unión Europea señalaban, después de la evaluación de más de mil estudios, que no existe ninguna relación entre el compuesto y el cáncer. Sin embargo, la reciente investigación asegura que aquellos fetos que han sido expuestos en el útero a las mismas tasas de BPA que suele tener la población general tienen más posibilidades de sufrir cáncer de pecho cuando crezcan. El estudio señala que en un 23% de los casos, las mujeres embarazadas están expuestas a niveles del compuesto potencialmente peligrosos.

Francia ha declarado ilegal el compuesto

Este duro análisis se encuentra en sintonía con los movimientos que se están produciendo en la política francesa, ya que el pasado 10 de octubre, el Senado francés declaró ilegal el compuesto al ser considerado como perjudicial para la salud, una medida refrendada por la Asamblea Nacional en diciembre y que tendrá que implantarse de aquí al año 2015. A la hora de prohibir el compuesto fue determinante la participación de un grupo de biólogos franceses, que comprobaron que el BPA puede tener efectos negativos en la fertilidad, así como ocasionar cáncer de mama o diabetes. Sin embargo, consideraron que algunos de los problemas que se habían localizado en animales, como los que afectaban a la próstata o al tiroides, no han gozado de suficiente evidencia científica como para asegurar dicha relación, si bien no deben descartarse aún.

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CÁNCER Y TOXEMIA

 

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar

Vínculo ignorado

A continuación reproducimos un adelanto del libro “Cuerpo Saludable”, que brinda herramientas prácticas para depurar el organismo y de ese modo resolver la causa profunda de las enfermedades crónicas y degenerativas. En el caso del cáncer, su génesis y su lento desarrollo nos permiten entender que todo está en nuestras manos, tanto en la prevención como en su posterior tratamiento. La clave: Cuerpo Saludable y eficiente inmunología.

Conviene detenernos sobre una de las enfermedades graves que más temor genera por su virulencia y sus consecuencias: el cáncer. Si bien el tema excede el marco de esta publicación, nos referiremos al mecanismo de la génesis tumoral, a fin de mostrar la importancia de la Cuerpo Saludable en su desarrollo. Para ello utilizaremos algunos conceptos del Dr. Christopher Vasey, quien en su libro“Comprender las enfermedades graves”, realiza una didáctica explicación del fenómeno.

Mucho se habla de la grave exposición a las sustancias cancerígenas, como factor desencadenante de los tumores. Sin embargo, no basta con eliminar todas las sustancias cancerígenas conocidas para estar a salvo del cáncer. Una célula normal puede convertirse en cancerosa cuando el medio se degrada por sobrecargas y carencias. En este contexto, el destino de la célula cancerosa depende totalmente del terreno, pues una célula cancerosa no se convierte automáticamente en un tumor maligno.

Todo ser vivo, ya sea un microbio o una célula (cancerosa o no), sólo puede vivir en un organismo que lo acepta y le ofrece las condiciones para su desarrollo. Cuando esto ocurre, los microbios se multiplican y se genera una infección; si se trata de una célula cancerosa, su multiplicación genera un tumor. Pero cuando el terreno no ofrece las condiciones necesarias, el microbio resulta inofensivo y es destruido, mientras que la célula cancerosa también es destruida por el medio hostil.

Conociendo el mecanismo reproductivo de las células, es interesante analizar cuánto se necesita para que una célula cancerosa se convierta en un tumor amenazante. Se sabe que la diferencia entre una célula cancerosa y una normal, está dada porque aquella se divide cada vez en dos células fértiles, mientras ésta se divide en una fértil y una estéril. Esa es la razón por la cual un tejido sano es estable y un tejido canceroso crece en forma rápida. Pero con el auxilio de las matemáticas, veremos cuan “lenta” es dicha velocidad y cuánto puede hacerse entre tanto. Tengamos siempre presente que la teórica multiplicación geométrica de las células cancerosas requiere de una condición esencial: que el sistema inmunológico de dicho organismo no cumpla su función, es decir que no actúe como debe, sea por toxemia corporal o por carencias nutricionales.

Una célula cancerosa se divide cuatro veces al año aproximadamente. Esto quiere decir que al cabo de un año, la célula original se habrá convertido en dieciséis células, cifra insignificante en un organismo compuesto por cinco billones de células.

Recién al tercer año, el tumor habrá alcanzado el número de mil células. Aún continúa sin representar peligro alguno, pues resulta inestable y mal asentado en los tejidos, pudiendo ser destruido y eliminado con facilidad. Si las condiciones del medio le son desfavorables, puede desaparecer espontáneamente. Es más, se sabe que tales tumores existen corrientemente en el organismo, pero no tienen efectos molestos si el sistema inmunológico funciona y el terreno está sano.

Para llegar al estadio del millón de células hace falta llegar al quinto año de desarrollo, siempre en la hipótesis de crecimiento libre, como consecuencia de la inacción del sistema inmunológico. Aún así estamos en presencia de un tumor que solo mide un milímetro, pesa un miligramo y resulta demasiado pequeño para ser detectado con las técnicas actuales.

Deberemos esperar hasta el octavo año para que alcance el estado de los mil millones de células; entonces mide aproximadamente un centímetro y pesa un gramo. Ha logrado crecer e instalarse sólidamente en los tejidos y recién ahora puede ser detectado. Aquí inicia la fase realmente peligrosa para el organismo, pues comienza su propagación: las células se desprenden del tumor madre (metástasis) y a través de los fluidos corporales van a colonizar otras partes del cuerpo.

Hacia el décimo año el tumor alcanzará la masa crítica del billón de células, pesará un kilogramo y medirá diez centímetros. Seguramente provocará la muerte del portador, pues el organismo no puede resistir semejante masa tumoral. Pero debemos reflexionar que para llegar a tal estado de gravedad, han debido transcurrir ocho años de evolución imperturbada; ocho años en el cuales el sistema inmunológico no cumplió su cometido; ocho años en los cuales la toxemia corporal brindó las condiciones adecuadas para que se reprodujera sin problemas!!!

Si bien la descripción del ejemplo es teórica, pues la velocidad de desarrollo de un tumor es totalmente dependiente de las condiciones del medio en que se encuentra, sirve para demostrar cuánto dejamos de hacer… y cuánto podemos hacer por nuestra salud!!! Cualquier mejora que introduzcamos en la calidad de los fluidos orgánicos, representa una reducción de las posibilidades de desarrollo del tumor. Cuanto más toxinas se expulsan y más se satisfacen las carencias, más vitalidad recuperan las células normales y más adversas se vuelven las condiciones para las células cancerosas.

Todo esto nos indica dos cosas. En primer lugar: el avance o retroceso del tumor depende de la tarea que el portador esté dispuesto a realizar sobre su terreno orgánico. En segundo lugar: nunca es tarde para comenzar a rectificar los errores que llevaron al desarrollo del tumor. Utilizando dichos populares, podemos decir que… “siempre algo es mejor que nada” y “más vale tarde que nunca”.

Dado el rol preponderante del sistema inmunológico en la velocidad de desarrollo de la masa tumoral, se ha convertido en paradigma culpar a las cuestiones emocionales y al estrés por su derrumbe funcional. Si bien se trata de una media verdad, es muy reductivo pensar que un problema emotivo sea la causa de la proliferación tumoral.

Para ayudar a comprender mejor, podemos valernos de una analogía mecánica. Sería como en el caso de una caldera que explota por exceso de presión (causa), responsabilizar a los remaches por no haber soportado la exigencia (consecuencia). Si se hubiese mantenido la presión en términos aceptables, los remaches estarían en su lugar y cumpliendo su cometido. En nuestro caso, un shock emocional no puede derrumbar un sistema inmunológico (consecuencia), si no estuviese previamente colapsado por la tremenda exigencia de un terreno adverso (causa). Incluso el estrés sólo puede hacer mella en un organismo intoxicado y con carencias de nutrientes.

Muchos pacientes que han sufrido extirpación quirúrgica y/o destrucción de células cancerosas mediante radioterapia o quimioterapia, piensan que ya está todo resuelto. Por cierto habrán aliviado al organismo del peso que esto representaba, pero no habrán resuelto el problema de fondo: la corrección del terreno, capaz de poner a raya el desarrollo del tumor. Es más, las terapias -altamente agresivas- habrán contaminado aún más el terreno y por lo tanto habrán empeorado las condiciones generales del organismo.

Si se comprende que síntomas y enfermedades no son más que la punta de un gran iceberg (la intoxicación corporal), es necesario que el paciente se haga responsable de su curación, ejerciendo su derecho natural a la plena salud. La mayoría de los enfermos no se responsabiliza de su estado, considerándolo un problema del terapeuta; mas aún en el caso de las enfermedades graves. Normalmente se actúa como si la enfermedad fuese un ente externo que ha poseído al enfermo, a quién se lo considera víctima inocente de la mala suerte. El paciente baja los brazos y rápidamente se pone en manos de un especialista, olvidando que sólo él generó el problemasólo él puede resolverlo, rectificando los errores. A lo sumo el terapeuta puede ayudar, recordando el camino de retorno al estado de equilibrio, pero es el afectado quién debe recorrerlo.

Extraído de “Cuerpo Saludable”

 

Otra mirada sobre las pandemias

Fuente:  www.nutriciondepurativa.com.ar

Abordaje recomendable

La expansión del dengue, que ahora ocupa las primeras planas de los medios nacionales, pero que no es patrimonio argentino, pues Brasil también advierte una elevada expansión del problema, nos invita a reflexionar. Si buceamos en las causas profundas, será sencillo encontrar la salida de este laberinto. Algo aplicable a cualquier “pandemia” que nos amenace por vía de “peligrosos” y “maléficos” virus. Como siempre sucede, los problemas no son más que una oportunidad para evolucionar y aprender. Como dijo un sabio: “Desde la confusión, solo generaremos más confusión”. En tren de refranes: “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Adscribir la culpa del dengue al virus (faviviridae) que transmite el mosquito (aedes aegyptis), es reductivo y poco conducente. Hay suficiente evidencia que un virus, por más desarrollado, evolucionado e inteligente que sea, depende de las condiciones que brinda su huésped para poder expandirse. Los virus tienen gran capacidad de supervivencia (aún más que la especie humana), pero siempre dependen de tres variables para desarrollarse: “casa” (ambiente propicio), “comida” (nutrientes) y “zona liberada” (inmunología ineficiente). Y somos nosotros los que generamos esas condiciones. Por tanto es prioritario asumir esta realidad y trabajar en consecuencia.

Sin embargo ¿qué hacemos como sociedad? Envenenarnos con fumigaciones que contaminan más aún los organismos y el agua que bebemos, intoxicarnos con insecticidas, medicarnos con fármacos que bloquean los procesos depurativos que pone en marcha el organismo y nutrirnos con comida ensuciante que “alimenta” a los virus. O sea, todo al revés. La prioridad social es matar mosquitos, distribuir insecticidas y fármacos. Mientras tanto, de la profilaxis depurativa de los ciudadanos, nadie se ocupa, con lo cual estimulamos el terreno propicio para éste y otros virus (¿cómo es que la tuberculosis es ahora nueva pandemia en la “rica” Europa?).

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