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OXIGENO Y ALIMENTOS

 

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar

La importancia del crudo

Muchos podrán pensar que la naturaleza todo lo prevé y por tanto basta con respirar bien (cosa que veremos a continuación). Es más, hay personas que pueden vivir solo en función a la respiración, captando del aire inhalado todo aquello necesario para la vida y sin necesitar alimentos físicos (practicantes del pranayama, respiratorianos, pránicos, meditadores, etc). Pero lo que la naturaleza no puede prever es la modificación antifisiológica de nuestros hábitos alimentarios.

En este sentido, nuestros alimentos fisiológicos (frutas, hortalizas) garantizan el adecuado aporte de agua y oxígeno, y su correcto metabolismo nutricio. Pero hace unos 10.000 años (apenas instantes en un proceso evolutivo de cinco millones de años), al dominar la agricultura, el ser humano recurrió a los granos amiláceos como sustento nutricio. La producción y el fácil almacenamiento, convirtió a cereales y legumbres en reaseguro de supervivencia frente a las frecuentes carencias alimentarias y permitió sostener la vida aún en lugares climáticamente adversos para el ser humano.

El desarrollo de la agricultura y la ganadería, marcó un hito en la evolución humana; pero lejos retornar a la esencia fisiológica en lo alimentario (somos frugívoros), nuestros antepasados incorporaron estos recursos de supervivencia al acerbo cultural, por diversas razones que exceden al tratamiento del tema. Y esto, si bien permitió el desarrollo de muchas civilizaciones, también se convirtió en fuente de problemas, dado que no poseemos habilidades fisiológicas para consumir importantes cantidades de granos amiláceos, cosa que sí poseen animales evolucionados en función a ellos (granívoros).

Si bien el tema se desarrolla aparte, la oxidación de altos niveles de azúcares aportados por los granos, genera gran demanda de oxígeno, cuya satisfacción es problemática para los humanos, dado nuestra limitada bomba circulatoria (el corazón de los granívoros representa el 10% de su peso total, algo así como 7kg en un humano) y nuestra reducida incorporación de oxígeno (no volamos ni tenemos sacos alveolares, como los granívoros).

Cuando ingieren granos amiláceos, los granívoros ponen en marcha mecanismos fisiológicos adecuados al torrente de azúcares que circulará en sangre. En primer lugar las aves hacen un gran consumo de energía en actividades exigentes como el vuelo. Por otra parte, disponen de unaestructura cardiopulmonar de alta eficiencia, que les permite resolver dos cuestiones básicas: mantener semejante cantidad de azúcar en movimiento u atender la elevada demanda gaseosa del metabolismo de los hidratos de carbono.

El ser humano es sedentario y no realiza (menos hoy día) esfuerzos que por intensidad y duración demanden tanta energía como el vuelo de las aves. Esto trae aparejada la necesidad de disipar el exceso de azúcar circulante, por lo cual se advierte abundante calor en el cuerpo tras su consumo. Esto acarrea hiperactividad del páncreas, que debe poner en marcha, con el auxilio del hígado, un mecanismo para convertir rápidamente el azúcar simple en glucógeno de reserva. Este proceso debe invertirse nuevamente en caso de necesidad, volviendo a convertirse el azúcar de reserva (glucógeno) en azúcar simple (glucosa).

El carbono y el hidrógeno que componen las cadenas de los azúcares, terminan convirtiéndose (por oxidación) en dióxido de carbono (CO2) y agua (H2O). La cantidad de oxígeno necesaria para llevar adelante el metabolismo gaseoso, exige al sistema respiratorio de manera continua. Por esa razón los pájaros están dotados de los sacos aéreos, especies de estructuras suplementarias de los pulmones, que les permiten almacenar e insuflar el suplemento de oxígeno necesario para la oxidación del abundante volumen de carbono e hidrógeno circulante en sangre.

El aparato cardiopulmonar humano es sometido a dura exigencia tras una comida de granos. En el caso de personas sedentarias, esto generará una demanda energética y una toxemia adicional, que a largo plazo termina desvitalizando al individuo. La fatiga y el desgaste cardiopulmonar son moneda corriente en los grandes consumidores de cereales. Esto resulta fácil de comprobar, a través de la amplificación del pulso cardíaco durante la digestión y el incremento de las pulsaciones, como si se hiciese un ejercicio físico importante.

En síntesis: para combatir el estado de anaerobia, debemos nutrirnos con alimentos fisiológicos (frutas, hortalizas, semillas),evitando la cocción. Como vimos, el proceso de cocimiento reduce el natural contenido de oxígeno de los alimentos crudos. Por su parte, la necesidad de conservación de la escala industrial, estimula el uso de procesamientos que incrementan la deficiencia de oxígeno en los alimentos. La dieta promedio tiende a ser muy deficiente en su aporte oxigenante. Otro detalle no menor es el moderno consumo cotidiano de antibióticos (fármacos, alimentos, aguas de consumo) que hace estragos en las bacterias aeróbicas (productoras de oxígeno) de la flora intestinal.

Por todo esto, el cambio de hábitos alimentarios se hace imprescindible, a fin de mejorar el aporte oxigenante a través de alimentos vitalizantes. Pero a veces puede no ser suficiente para revertir una carencia crónica. Por tanto también debemos conocer y utilizar otros recursos oxigenantes, como la respiración profunda y el agua oxigenada.

 

Uso terapeutico de la Arcilla

Fuente: http://www.prama.com.ar

Usos y aplicaciones

Desde la más remota antigüedad, la tierra (el barro, la arcilla) ha sido una de las terapias más accesible, útiles y apreciadas por hombres y animales para tratar muchas enfermedades. Incluso el instintivo consumo de arcilla por parte de animales y niños, a modo de fisiológica práctica desparasitante y depurativa, es un ejemplo de un recurso tan efectivo como ancestral e inocuo.

Vale aclarar que no existe un único tipo de arcilla; cada ambiente geográfico imprime sus particulares características, pero las diferencias no modifican sus efectos terapéuticos. Sea cual fuere el origen de la arcilla, su elevada proporción de sílice y alúmina es constante, y ello le otorga las características propiedades como eficiente antiinflamatorio y cicatrizante.

Otra propiedad típica es su poder absorbente, basado en sus micro-partículas que atraen diferentes clases de sustancias: gases, toxinas, bacterias, parásitos, etc. A nivel corporal, esta cualidad le permite captar elementos no utilizables en la digestión y productos de desasimilación, presentes tanto en líquidos orgánicos como en tejidos internos. Esto la convierte en excelente depurativo y desparasitante.

La arcilla puede utilizarse externa o internamente, como terapia o como cosmético. El tema se desarrolla ampliamente en el fascículo “Uso y propiedades de la arcilla” de María Luz Font. Aquí simplemente referimos algunas indicaciones de uso sugeridas en el libro “Vivencias de salud a través de la arcilla” de Federico Helfer.

Toda duda con respecto al buen uso de la arcilla, debe ser consultada con su médico de cabecera. No obstante, si en forma simultánea no se cambian los hábitos depurativos, alimentarios, físicos y mentales, poco puede hacer la arcilla en un organismo con problemas.

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CONTAMINACIÓN AMBIENTAL Y ZEOLITA

Suplemento mineral depurativo

¿Quién puede considerarse hoy día, exento de contaminación ambiental? Aún quienes viven en lugares teóricamente incontaminados, están expuestos a una sumatoria de influencias tóxicas, en la mayoría de los casos indetectables o insospechadas. Este informe, lejos de alentar la paranoia obsesiva y depresiva, aspira solamente a despertar consciencia sobre nuestro ambiente y a brindar alternativas para morigerar los efectos de la contaminación sobre nuestra salud. No es cuestión de negar la realidad o ver todo perdido. Tenemos herramientas: basta reconocerlas y utilizarlas.

La industrialización y los avances tecnológicos en materia de síntesis química, han generado un grado tal de contaminación, inimaginable décadas atrás. Obviamente, la ciencia de la salud sigue considerando problemas “psicosomáticos”, genéticos o virales, a la mayoría de la sintomatología derivada de este agobio tóxico al que por primera vez se ve expuesto esta civilización.

zeolita

Mucha gente, científicos incluidos, nos tranquilizan con argumentos que conforman un folclore discursivo insostenible: “Para eso está nuestro depurador orgánico: el hígado”. “Los gobiernos nos protegen con leyes y controles”. “El aumento de cáncer y degenerativas se debe a que vivimos más”. “Siempre la ciencia encuentra soluciones para los problemas”. ¿Le suenan?

Si bien la contaminación ambiental muestra antecedentes de vieja data (el caso del Imperio Romano y su contaminación con las entonces revolucionarias cañerías de plomo) y naturales en ciertos casos (efectos de erupciones volcánicas o contaminación de acuíferos), hoy vivimos inmersos en una magnífica sopa química artificial. Y nuestro organismo se ve obligado a convivir y sobrevivir con semejante exposición, intentando preservar la funcionalidad corpórea.

EN CASA ESTAMOS SEGUROS?

Por una parte, estamos expuestos a fuentes cada vez más virulentas e insospechadas. Emanaciones del tráfico y los procesos industriales, agroquímicos y pesticidas de la agricultura intensiva, química de la extracción de combustibles y minerales… parecen fuentes obvias, conocidas y “manejables”. Total, llegamos a casa, cerramos la puerta y ya estamos seguros ¿no? Pero lamentablemente allí empieza otra parte del problema.

Aerosoles, agua de red, alfombras, asbestos, adhesivos, aglomerados, humo, acondicionadores de aire, combustibles, cloro, aislantes, monóxido de carbono, pinturas, plásticos, plomo, insecticidas, productos de limpieza e higiene personal, cosméticos, solventes de lavandería, tintas, utensilios… son algunas de las fuentes contaminantes que nos esperan en el hogar. Sin contar que muchas de ellas van con nosotros durante el día, como los cosméticos o los materiales odontológicos.

En su intento por aliviar la carga tóxica en los fluidos (sangre, linfa, líquido extracelular) el organismo deposita los contaminantes que no logra eliminar por las vías fisiológicas (evacuaciones, orina, sudor, respiración) en la estructura misma (grasa, músculos, tendones, huesos, vísceras). Según refiere Brenda Watson en “Adiós toxinas”, los ciudadanos de naciones industrializadas llevan en sus organismos una media de 700 sustancias químicas sintéticas, la mayoría de las cuales aún no han sido evaluadas a fondo.

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TERAPIA Dr. GERSON

Fuente: http://dametumano.wordpress.com/

CONFERENCIA SOBRE CÁNCER “TERAPIA DR. GERSON”

Este extracto es tomado de la Conferencia del autor a la Sociedad para el Control del Cáncer del 25-26 julio 2009. En el mismo se destaca claramente la importancia de mantener la sangre en un umbral óptimo de pH para una buena oxigenación de la misma y del organismo en general. Una célula carente de oxígeno no es capaz de diferenciarse y así iniciar el viaje de la “célula indiferenciada” o cancerosa.

En 1924, Otto Warburg (que más tarde fue dos veces propuesto como candidato al Premio Nobel) hace la interesante observación de que el origen del cáncer podría atribuirse a la disminución de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. Sin oxígeno, las células pierden rápidamente cualquier posibilidad de supervivencia. ¿Cómo reaccionan? Claramente, no es que la sangre se detenga de repente de transportar oxígeno, sino más bien la pérdida de la capacidad de transportar oxígeno es un proceso gradual y no necesariamente continuo, debido al cual los efectos nocivos de la privación de oxígeno aumentan progresivamente.
También vamos a examinar la idea de Warburg (al parecer errónea) de que el deterioro en la capacidad de transportar oxígeno de la sangre, una vez iniciado, no se puede revertir.
La capacidad de nuestro cuerpo de mantener un buen estado funcional depende de muchos de sus propiedades químicas, eléctricas y físicas.

Glóbulos rojos
El torrente sanguíneo es nuestro “océano” interno, es el líquido que suministra a cada célula el oxígeno y los nutrientes necesarios para la supervivencia, llevándose al mismo tiempo, los productos de desecho, en modo que el metabolismo no se vea obstruido o contaminado de toxinas, a las que estamos sujetos por el simple hecho de que vivimos en un entorno imperfecto.
Las estructuras que permiten a la sangre de transportar oxígeno son los glóbulos rojos, pequeños hemisferios vacíos que absorben el oxígeno en la superficie y son lo suficientemente pequeños y flexibles como para poder colarse en los pequeños capilares que los llevan en los puntos más remotos del sistema circulatorio. Todas los glóbulos deben flotar en el suero separados de otros glóbulos, de lo contrario pueden “coagularse” y perder su flexibilidad esencial (por no mencionar el hecho de la disminución de la superficie para transportar oxígeno).
Cada glóbulos rojos lleva en su superficie una cierta cantidad de electrones, que le dan una carga negativa. El pH de la sangre debe ser ligeramente superior a 7,0, el pH del agua neutra. Por debajo de 7,0 estamos en un medio ácido, por encima en un medio alcalino. Un pH ligeramente alcalino, entre 7,35-07,40, se considera óptimo para la sangre. Nuestros procesos fisiológicos son muy sensibles al más mínimo cambio en el pH, y el mantenimiento de los valores correctos se llama “homeostasis”. Si sólo uno de los valores ideales (concentración química, acidez, viscosidad, temperatura, volumen, etc) varía muy poco, nuestra supervivencia está en peligro.
Si el pH de la sangre cae por debajo de 7.0, la sangre se vuelve ácida y los electrones que separan los glóbulos unos de otros se vuelven menos.

Sin oxígeno
Surge la pregunta: “¿Qué pasa con las células del cuerpo cuando no reciben más oxígeno?”. En muchos casos, las células sin oxígeno durante largos períodos simplemente mueren. Descomponiéndose, crean incluso más acidez, haciendo bajar el pH aun más. Algunas células, sin embargo, para sobrevivir, “cambian de marcha” y se pasan a un estado en el que no necesitan oxígeno para crear energía. El estado sano y normal celular es el del metabolismo oxidativo, en la cual el oxígeno y los nutrientes se utilizan para generar energía (ATP) y sobrevivir, funcionar y reproducirse. De otra manera, el estado privo de oxígeno al cual pasan, llamado “fermentativo”, que usa para crear energía, el proceso mucho menos eficiente de la glucólisis. En este estado, en vez de producir energía, agua y dióxido de carbono, las células producen una mínima cantidad de energía y ácido láctico, que disminuye aún más el pH del ambiente.
Debido a que producen menos cantidad de energía que en el estado oxidativo (sólo cerca al 7%), las células en estado fermentativo sólo pueden dividirse y crecer, en lugar de contribuir a la eficiencia del cuerpo. No son más células “diferenciadas” de los músculos, de los nervios, de los huesos o de las grasas, con una función útil dentro del cuerpo, se han convertido en células “indiferenciada” o cancerígenas. Es importante entender que las células cancerosas no son enemigos procedentes del exterior. Ellas representan el intento desesperado de parte de algunas células de sobrevivir, incluso cuando no reciben suficiente oxígeno para un metabolismo saludable. Decir que estamos en “lucha contra el cáncer”, representa un total desconocimiento. El “cáncer” es sólo un intento desesperado de nuestra las células para seguir con vida! Luchar en contra de ellas, en realidad, significa luchar contra nosotros mismos.

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