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ENTRE LA BASURA Y EL HAMBRE

Este porcentaje equivale a 1300 millones de toneladas que podrían alimentar a 870 millones de personas.

De esos 1300 millones de toneladas, cien corresponden a desechos de comida en América latina. Esta cifra indica que entre el 10 y el 15 por ciento de los alimentos que se producen en la región jamás llega al estómago de una persona.

La pobreza en América Latina alcanza al 28.8% de la población, 167 millones se encuentran en esa situación, reveló un informe dela Comisión Económicapara América Latina y el Caribe (Cepal). De ellos, 66 millones viven en la extrema pobreza. El informe también habla de la región más desigual del mundo, donde el 10% de la población más rica recibe 32% de los ingresos totales, mientras que el 40% más pobre sólo recibe el 15%.

Mientras en Chile se prepara un  encuentro entre los  países latinoamericano-caribeños, por un lado, y dela Unión Europea, por el otro,  Tristam Stuart, de la organización civil “Feeding the 5.000″, señaló que uno de los principales problemas en Latinoamérica son las exigencias europeas:

“Por ejemplo, en esta región se despilfarran cantidades enormes de plátanos que no cumplen los requisitos de aspecto físico -mismo color, tamaño o forma bonita- impuestos por el mercado europeo”. Pese a “que no tienen ningún defecto a nivel nutricional”, sostuvo.

Sin embargo, Latinoamérica no está entre las zonas del mundo que más alimentos tira a la basura. Las que representan el mayor problema son las regiones con niveles más elevados de industrialización, como Europa o Norteamérica, donde un 40 por ciento de lo que se produce, que equivale a la producción total de África, se desecha.

Segúnla FAO, el 95 por ciento de los productos desechados en los países en desarrollo no lo es de forma intencionada, sino como consecuencia de deficiencias financieras, limitaciones técnicas o de infraestructuras en la fase inicial de la cadena de distribución. En las economías más desarrolladas las mayores pérdidas se producen en la fase final de la cadena -minoristas y consumidores- por malas prácticas, estándares de calidad establecidos y, sobre todo por los cánones impuestos por el consumismo, otorgándole importancia extrema a la apariencia de los alimentos.

En cuanto a la cantidad de alimentos que se desperdician directamente por los consumidores también destacan Europa y Norteamérica, donde cada persona tira una media de entre 95 y115 kilogramosde comida cada año, mientras que en África subsahariana y el sudeste de Asia el promedio es de6 a11 kilos.

“En un mundo de 7.000 millones de personas, que espera crecer hasta los 9.000 millones, desperdiciar comida no tiene ningún sentido a nivel económico, ético ni medioambiental”, comentó el director del PNUMA, Achim Steiner. Obviamente, reducir el desperdicio de comida podría llevar a un uso más eficiente de la tierra y una mejor gestión del agua.

 

Fuente: http://www.surysur.net/2013/01/entre-la-basura-y-el-hambre/#more-36564

 

 

TERAPIA Dr. GERSON

Fuente: http://dametumano.wordpress.com/

CONFERENCIA SOBRE CÁNCER “TERAPIA DR. GERSON”

Este extracto es tomado de la Conferencia del autor a la Sociedad para el Control del Cáncer del 25-26 julio 2009. En el mismo se destaca claramente la importancia de mantener la sangre en un umbral óptimo de pH para una buena oxigenación de la misma y del organismo en general. Una célula carente de oxígeno no es capaz de diferenciarse y así iniciar el viaje de la “célula indiferenciada” o cancerosa.

En 1924, Otto Warburg (que más tarde fue dos veces propuesto como candidato al Premio Nobel) hace la interesante observación de que el origen del cáncer podría atribuirse a la disminución de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. Sin oxígeno, las células pierden rápidamente cualquier posibilidad de supervivencia. ¿Cómo reaccionan? Claramente, no es que la sangre se detenga de repente de transportar oxígeno, sino más bien la pérdida de la capacidad de transportar oxígeno es un proceso gradual y no necesariamente continuo, debido al cual los efectos nocivos de la privación de oxígeno aumentan progresivamente.
También vamos a examinar la idea de Warburg (al parecer errónea) de que el deterioro en la capacidad de transportar oxígeno de la sangre, una vez iniciado, no se puede revertir.
La capacidad de nuestro cuerpo de mantener un buen estado funcional depende de muchos de sus propiedades químicas, eléctricas y físicas.

Glóbulos rojos
El torrente sanguíneo es nuestro “océano” interno, es el líquido que suministra a cada célula el oxígeno y los nutrientes necesarios para la supervivencia, llevándose al mismo tiempo, los productos de desecho, en modo que el metabolismo no se vea obstruido o contaminado de toxinas, a las que estamos sujetos por el simple hecho de que vivimos en un entorno imperfecto.
Las estructuras que permiten a la sangre de transportar oxígeno son los glóbulos rojos, pequeños hemisferios vacíos que absorben el oxígeno en la superficie y son lo suficientemente pequeños y flexibles como para poder colarse en los pequeños capilares que los llevan en los puntos más remotos del sistema circulatorio. Todas los glóbulos deben flotar en el suero separados de otros glóbulos, de lo contrario pueden “coagularse” y perder su flexibilidad esencial (por no mencionar el hecho de la disminución de la superficie para transportar oxígeno).
Cada glóbulos rojos lleva en su superficie una cierta cantidad de electrones, que le dan una carga negativa. El pH de la sangre debe ser ligeramente superior a 7,0, el pH del agua neutra. Por debajo de 7,0 estamos en un medio ácido, por encima en un medio alcalino. Un pH ligeramente alcalino, entre 7,35-07,40, se considera óptimo para la sangre. Nuestros procesos fisiológicos son muy sensibles al más mínimo cambio en el pH, y el mantenimiento de los valores correctos se llama “homeostasis”. Si sólo uno de los valores ideales (concentración química, acidez, viscosidad, temperatura, volumen, etc) varía muy poco, nuestra supervivencia está en peligro.
Si el pH de la sangre cae por debajo de 7.0, la sangre se vuelve ácida y los electrones que separan los glóbulos unos de otros se vuelven menos.

Sin oxígeno
Surge la pregunta: “¿Qué pasa con las células del cuerpo cuando no reciben más oxígeno?”. En muchos casos, las células sin oxígeno durante largos períodos simplemente mueren. Descomponiéndose, crean incluso más acidez, haciendo bajar el pH aun más. Algunas células, sin embargo, para sobrevivir, “cambian de marcha” y se pasan a un estado en el que no necesitan oxígeno para crear energía. El estado sano y normal celular es el del metabolismo oxidativo, en la cual el oxígeno y los nutrientes se utilizan para generar energía (ATP) y sobrevivir, funcionar y reproducirse. De otra manera, el estado privo de oxígeno al cual pasan, llamado “fermentativo”, que usa para crear energía, el proceso mucho menos eficiente de la glucólisis. En este estado, en vez de producir energía, agua y dióxido de carbono, las células producen una mínima cantidad de energía y ácido láctico, que disminuye aún más el pH del ambiente.
Debido a que producen menos cantidad de energía que en el estado oxidativo (sólo cerca al 7%), las células en estado fermentativo sólo pueden dividirse y crecer, en lugar de contribuir a la eficiencia del cuerpo. No son más células “diferenciadas” de los músculos, de los nervios, de los huesos o de las grasas, con una función útil dentro del cuerpo, se han convertido en células “indiferenciada” o cancerígenas. Es importante entender que las células cancerosas no son enemigos procedentes del exterior. Ellas representan el intento desesperado de parte de algunas células de sobrevivir, incluso cuando no reciben suficiente oxígeno para un metabolismo saludable. Decir que estamos en “lucha contra el cáncer”, representa un total desconocimiento. El “cáncer” es sólo un intento desesperado de nuestra las células para seguir con vida! Luchar en contra de ellas, en realidad, significa luchar contra nosotros mismos.

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PRODUCTOS QUÍMICOS CAUSAN AL MENOS 4,9 MILLONES DE MUERTES AL AÑO

 

Se estima que en el mundo se utilizan 143 mil productos químicos, pero éstos son solo unos pocos de los que realmente existen, revela el informe “Visión Global sobre los Productos Químicos”, presentado el año pasado por la directora de la división tecnología, industria y economía del PNUMA Sylvie Lemmet.

 

Cada año ingresan al mercado entre 200 y 300 nuevos productos químicos de gran impacto ambiental, y pese a estar regulados por los Convenios de Basilea, Rótterdam y Estocolmo esos contaminantes se encuentran en el aire, el agua y los alimentos en concentraciones altamente peligrosas para la salud humana y el medioambiente.

 

El estudio del PNUMA señala que el uso irracional de químicos sintéticos se ha convertido ya en un problema de salud pública en los países del primer mundo, y se advierte un agravamiento de los riesgos en las naciones en desarrollo debido a que la producción, uso y disposición final de esos químicos se ha trasladado a esas regiones, donde las salvaguardas y regulaciones a menudo son más débiles.

 

Las emisiones de mercurio se duplicaron desde 2005, principalmente en países pobres, y la contaminación con mercurio pone en serio riesgo la salud de 15 millones de humanos, de los cuales tres millones son mujeres y niños, alerta el informe Mercurio: es tiempo de actuar, presentado en la quinta reunión del Comité Negociador Internacional sobre Mercurio (INC5) en Ginebra en enero de este año. (1)

 

La intoxicación con mercurio daña los sistemas nervioso y neurológico, los riñones, pulmones y piel, mientras que diversos tipos de cáncer y el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad han sido asociados con la exposición a ciertos químicos sintéticos. (2)

 

Según el PNUMA los productos químicos cada vez más presentes en la vida diaria causan 4,9 millones de muertes cada año en el mundo y podrían ser responsables del 9% de los fallecimientos por cáncer de pulmón. No obstante, “los 4,9 millones de decesos no son más que la punta del iceberg”, aseguró la directora del departamento de salud pública y medio ambiente de la OMS María Neira Neira.

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CÁNCER Y TOXEMIA

 

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar

Vínculo ignorado

A continuación reproducimos un adelanto del libro “Cuerpo Saludable”, que brinda herramientas prácticas para depurar el organismo y de ese modo resolver la causa profunda de las enfermedades crónicas y degenerativas. En el caso del cáncer, su génesis y su lento desarrollo nos permiten entender que todo está en nuestras manos, tanto en la prevención como en su posterior tratamiento. La clave: Cuerpo Saludable y eficiente inmunología.

Conviene detenernos sobre una de las enfermedades graves que más temor genera por su virulencia y sus consecuencias: el cáncer. Si bien el tema excede el marco de esta publicación, nos referiremos al mecanismo de la génesis tumoral, a fin de mostrar la importancia de la Cuerpo Saludable en su desarrollo. Para ello utilizaremos algunos conceptos del Dr. Christopher Vasey, quien en su libro“Comprender las enfermedades graves”, realiza una didáctica explicación del fenómeno.

Mucho se habla de la grave exposición a las sustancias cancerígenas, como factor desencadenante de los tumores. Sin embargo, no basta con eliminar todas las sustancias cancerígenas conocidas para estar a salvo del cáncer. Una célula normal puede convertirse en cancerosa cuando el medio se degrada por sobrecargas y carencias. En este contexto, el destino de la célula cancerosa depende totalmente del terreno, pues una célula cancerosa no se convierte automáticamente en un tumor maligno.

Todo ser vivo, ya sea un microbio o una célula (cancerosa o no), sólo puede vivir en un organismo que lo acepta y le ofrece las condiciones para su desarrollo. Cuando esto ocurre, los microbios se multiplican y se genera una infección; si se trata de una célula cancerosa, su multiplicación genera un tumor. Pero cuando el terreno no ofrece las condiciones necesarias, el microbio resulta inofensivo y es destruido, mientras que la célula cancerosa también es destruida por el medio hostil.

Conociendo el mecanismo reproductivo de las células, es interesante analizar cuánto se necesita para que una célula cancerosa se convierta en un tumor amenazante. Se sabe que la diferencia entre una célula cancerosa y una normal, está dada porque aquella se divide cada vez en dos células fértiles, mientras ésta se divide en una fértil y una estéril. Esa es la razón por la cual un tejido sano es estable y un tejido canceroso crece en forma rápida. Pero con el auxilio de las matemáticas, veremos cuan “lenta” es dicha velocidad y cuánto puede hacerse entre tanto. Tengamos siempre presente que la teórica multiplicación geométrica de las células cancerosas requiere de una condición esencial: que el sistema inmunológico de dicho organismo no cumpla su función, es decir que no actúe como debe, sea por toxemia corporal o por carencias nutricionales.

Una célula cancerosa se divide cuatro veces al año aproximadamente. Esto quiere decir que al cabo de un año, la célula original se habrá convertido en dieciséis células, cifra insignificante en un organismo compuesto por cinco billones de células.

Recién al tercer año, el tumor habrá alcanzado el número de mil células. Aún continúa sin representar peligro alguno, pues resulta inestable y mal asentado en los tejidos, pudiendo ser destruido y eliminado con facilidad. Si las condiciones del medio le son desfavorables, puede desaparecer espontáneamente. Es más, se sabe que tales tumores existen corrientemente en el organismo, pero no tienen efectos molestos si el sistema inmunológico funciona y el terreno está sano.

Para llegar al estadio del millón de células hace falta llegar al quinto año de desarrollo, siempre en la hipótesis de crecimiento libre, como consecuencia de la inacción del sistema inmunológico. Aún así estamos en presencia de un tumor que solo mide un milímetro, pesa un miligramo y resulta demasiado pequeño para ser detectado con las técnicas actuales.

Deberemos esperar hasta el octavo año para que alcance el estado de los mil millones de células; entonces mide aproximadamente un centímetro y pesa un gramo. Ha logrado crecer e instalarse sólidamente en los tejidos y recién ahora puede ser detectado. Aquí inicia la fase realmente peligrosa para el organismo, pues comienza su propagación: las células se desprenden del tumor madre (metástasis) y a través de los fluidos corporales van a colonizar otras partes del cuerpo.

Hacia el décimo año el tumor alcanzará la masa crítica del billón de células, pesará un kilogramo y medirá diez centímetros. Seguramente provocará la muerte del portador, pues el organismo no puede resistir semejante masa tumoral. Pero debemos reflexionar que para llegar a tal estado de gravedad, han debido transcurrir ocho años de evolución imperturbada; ocho años en el cuales el sistema inmunológico no cumplió su cometido; ocho años en los cuales la toxemia corporal brindó las condiciones adecuadas para que se reprodujera sin problemas!!!

Si bien la descripción del ejemplo es teórica, pues la velocidad de desarrollo de un tumor es totalmente dependiente de las condiciones del medio en que se encuentra, sirve para demostrar cuánto dejamos de hacer… y cuánto podemos hacer por nuestra salud!!! Cualquier mejora que introduzcamos en la calidad de los fluidos orgánicos, representa una reducción de las posibilidades de desarrollo del tumor. Cuanto más toxinas se expulsan y más se satisfacen las carencias, más vitalidad recuperan las células normales y más adversas se vuelven las condiciones para las células cancerosas.

Todo esto nos indica dos cosas. En primer lugar: el avance o retroceso del tumor depende de la tarea que el portador esté dispuesto a realizar sobre su terreno orgánico. En segundo lugar: nunca es tarde para comenzar a rectificar los errores que llevaron al desarrollo del tumor. Utilizando dichos populares, podemos decir que… “siempre algo es mejor que nada” y “más vale tarde que nunca”.

Dado el rol preponderante del sistema inmunológico en la velocidad de desarrollo de la masa tumoral, se ha convertido en paradigma culpar a las cuestiones emocionales y al estrés por su derrumbe funcional. Si bien se trata de una media verdad, es muy reductivo pensar que un problema emotivo sea la causa de la proliferación tumoral.

Para ayudar a comprender mejor, podemos valernos de una analogía mecánica. Sería como en el caso de una caldera que explota por exceso de presión (causa), responsabilizar a los remaches por no haber soportado la exigencia (consecuencia). Si se hubiese mantenido la presión en términos aceptables, los remaches estarían en su lugar y cumpliendo su cometido. En nuestro caso, un shock emocional no puede derrumbar un sistema inmunológico (consecuencia), si no estuviese previamente colapsado por la tremenda exigencia de un terreno adverso (causa). Incluso el estrés sólo puede hacer mella en un organismo intoxicado y con carencias de nutrientes.

Muchos pacientes que han sufrido extirpación quirúrgica y/o destrucción de células cancerosas mediante radioterapia o quimioterapia, piensan que ya está todo resuelto. Por cierto habrán aliviado al organismo del peso que esto representaba, pero no habrán resuelto el problema de fondo: la corrección del terreno, capaz de poner a raya el desarrollo del tumor. Es más, las terapias -altamente agresivas- habrán contaminado aún más el terreno y por lo tanto habrán empeorado las condiciones generales del organismo.

Si se comprende que síntomas y enfermedades no son más que la punta de un gran iceberg (la intoxicación corporal), es necesario que el paciente se haga responsable de su curación, ejerciendo su derecho natural a la plena salud. La mayoría de los enfermos no se responsabiliza de su estado, considerándolo un problema del terapeuta; mas aún en el caso de las enfermedades graves. Normalmente se actúa como si la enfermedad fuese un ente externo que ha poseído al enfermo, a quién se lo considera víctima inocente de la mala suerte. El paciente baja los brazos y rápidamente se pone en manos de un especialista, olvidando que sólo él generó el problemasólo él puede resolverlo, rectificando los errores. A lo sumo el terapeuta puede ayudar, recordando el camino de retorno al estado de equilibrio, pero es el afectado quién debe recorrerlo.

Extraído de “Cuerpo Saludable”

 

BIOCONSTRUCCIÓN , UNA ALTERNATIVA SALUDABLE

Fuente: Ecosalud

Todos los seres vivos estamos permanentemente expuestos a las influencias del entorno, especialmente a las energías radiantes de la tierra y del cosmos, sin olvidar los campos electromagnéticos. Las radiaciones cósmicas y el campo magnético terrestre conforman corrientes energéticas que influyen en el cuerpo humano y en nuestra psiquis y muchas personas están sufriendo las consecuencias de estas radiaciones sin saberlo. Es así como nuestra salud y nuestro bienestar dependen en gran medida del lugar donde vivimos, trabajamos o dormimos por lo que  nuestra salud física, emocional y psicológica está íntimamente relacionada con la salud energética de nuestra casa, que debe considerarse casi como un organismo vivo o como si fuese una prolongación de los organismos vivos que la habitan. Nuestra tercera piel.

La bioconstrucción debe ser la plasmación de la inteligencia holística que interrelaciona la persona y su vitalidad con el medio ambiente que le rodea.

Uno de los principales objetivos de la bioconstrucción,  que se sustenta en principios de sustentabilidad  frente al derroche  de recursos naturales de la mayoría de los edificios modernos ,es que los edificios construidos o reformados reúnan las mejores condiciones de biohabitabilidad.

A la hora de proyectar, diseñar y ejecutar las obras se deben elegir las opciones más saludables ya que  las las investigaciones médicas concluyen que los factores exógenos, tales como la calidad del aire, exposición a los químicos, calidad del agua y contaminación electromagnética, y en lo que respecta a  la mala ventilación del lugar, el uso de materiales de construcción tóxicos, los agentes de limpieza generados por la industria química, los malos hábitos al interior de las construcciones, el tabaquismo, la deficiente mantención de los sistemas de calefacción o climatización, así como también el uso irracional de desodorantes ambientales son responsables de la etiología de muchas enfermedades e incluso de algunos cánceres, por lo que no podemos seguir construyendo edificios que enferman a las personas.

Los contaminantes de nuestra sociedad muchas veces son invisibles, lo que nos obliga a tener todavía mayor cuidado a la hora de elegir dónde vivir u organizar el interior de nuestro hábitat .De hecho, en pocos países se ha diagnosticado ala EHS-Electro Hiper Sensibles -. Sólo en Suecia y Gran Bretaña. Así, las personas que sufren de la contaminación electromagnética no encuentran apoyo médico y son tratadas como “enfermedades psiquiátricas”; cuando con mediciones y protecciones adecuadas se podrían crear espacios para que estas personas puedan seguir viviendo normalmente.

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