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CÁNCER Y TOXEMIA

 

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar

Vínculo ignorado

A continuación reproducimos un adelanto del libro “Cuerpo Saludable”, que brinda herramientas prácticas para depurar el organismo y de ese modo resolver la causa profunda de las enfermedades crónicas y degenerativas. En el caso del cáncer, su génesis y su lento desarrollo nos permiten entender que todo está en nuestras manos, tanto en la prevención como en su posterior tratamiento. La clave: Cuerpo Saludable y eficiente inmunología.

Conviene detenernos sobre una de las enfermedades graves que más temor genera por su virulencia y sus consecuencias: el cáncer. Si bien el tema excede el marco de esta publicación, nos referiremos al mecanismo de la génesis tumoral, a fin de mostrar la importancia de la Cuerpo Saludable en su desarrollo. Para ello utilizaremos algunos conceptos del Dr. Christopher Vasey, quien en su libro“Comprender las enfermedades graves”, realiza una didáctica explicación del fenómeno.

Mucho se habla de la grave exposición a las sustancias cancerígenas, como factor desencadenante de los tumores. Sin embargo, no basta con eliminar todas las sustancias cancerígenas conocidas para estar a salvo del cáncer. Una célula normal puede convertirse en cancerosa cuando el medio se degrada por sobrecargas y carencias. En este contexto, el destino de la célula cancerosa depende totalmente del terreno, pues una célula cancerosa no se convierte automáticamente en un tumor maligno.

Todo ser vivo, ya sea un microbio o una célula (cancerosa o no), sólo puede vivir en un organismo que lo acepta y le ofrece las condiciones para su desarrollo. Cuando esto ocurre, los microbios se multiplican y se genera una infección; si se trata de una célula cancerosa, su multiplicación genera un tumor. Pero cuando el terreno no ofrece las condiciones necesarias, el microbio resulta inofensivo y es destruido, mientras que la célula cancerosa también es destruida por el medio hostil.

Conociendo el mecanismo reproductivo de las células, es interesante analizar cuánto se necesita para que una célula cancerosa se convierta en un tumor amenazante. Se sabe que la diferencia entre una célula cancerosa y una normal, está dada porque aquella se divide cada vez en dos células fértiles, mientras ésta se divide en una fértil y una estéril. Esa es la razón por la cual un tejido sano es estable y un tejido canceroso crece en forma rápida. Pero con el auxilio de las matemáticas, veremos cuan “lenta” es dicha velocidad y cuánto puede hacerse entre tanto. Tengamos siempre presente que la teórica multiplicación geométrica de las células cancerosas requiere de una condición esencial: que el sistema inmunológico de dicho organismo no cumpla su función, es decir que no actúe como debe, sea por toxemia corporal o por carencias nutricionales.

Una célula cancerosa se divide cuatro veces al año aproximadamente. Esto quiere decir que al cabo de un año, la célula original se habrá convertido en dieciséis células, cifra insignificante en un organismo compuesto por cinco billones de células.

Recién al tercer año, el tumor habrá alcanzado el número de mil células. Aún continúa sin representar peligro alguno, pues resulta inestable y mal asentado en los tejidos, pudiendo ser destruido y eliminado con facilidad. Si las condiciones del medio le son desfavorables, puede desaparecer espontáneamente. Es más, se sabe que tales tumores existen corrientemente en el organismo, pero no tienen efectos molestos si el sistema inmunológico funciona y el terreno está sano.

Para llegar al estadio del millón de células hace falta llegar al quinto año de desarrollo, siempre en la hipótesis de crecimiento libre, como consecuencia de la inacción del sistema inmunológico. Aún así estamos en presencia de un tumor que solo mide un milímetro, pesa un miligramo y resulta demasiado pequeño para ser detectado con las técnicas actuales.

Deberemos esperar hasta el octavo año para que alcance el estado de los mil millones de células; entonces mide aproximadamente un centímetro y pesa un gramo. Ha logrado crecer e instalarse sólidamente en los tejidos y recién ahora puede ser detectado. Aquí inicia la fase realmente peligrosa para el organismo, pues comienza su propagación: las células se desprenden del tumor madre (metástasis) y a través de los fluidos corporales van a colonizar otras partes del cuerpo.

Hacia el décimo año el tumor alcanzará la masa crítica del billón de células, pesará un kilogramo y medirá diez centímetros. Seguramente provocará la muerte del portador, pues el organismo no puede resistir semejante masa tumoral. Pero debemos reflexionar que para llegar a tal estado de gravedad, han debido transcurrir ocho años de evolución imperturbada; ocho años en el cuales el sistema inmunológico no cumplió su cometido; ocho años en los cuales la toxemia corporal brindó las condiciones adecuadas para que se reprodujera sin problemas!!!

Si bien la descripción del ejemplo es teórica, pues la velocidad de desarrollo de un tumor es totalmente dependiente de las condiciones del medio en que se encuentra, sirve para demostrar cuánto dejamos de hacer… y cuánto podemos hacer por nuestra salud!!! Cualquier mejora que introduzcamos en la calidad de los fluidos orgánicos, representa una reducción de las posibilidades de desarrollo del tumor. Cuanto más toxinas se expulsan y más se satisfacen las carencias, más vitalidad recuperan las células normales y más adversas se vuelven las condiciones para las células cancerosas.

Todo esto nos indica dos cosas. En primer lugar: el avance o retroceso del tumor depende de la tarea que el portador esté dispuesto a realizar sobre su terreno orgánico. En segundo lugar: nunca es tarde para comenzar a rectificar los errores que llevaron al desarrollo del tumor. Utilizando dichos populares, podemos decir que… “siempre algo es mejor que nada” y “más vale tarde que nunca”.

Dado el rol preponderante del sistema inmunológico en la velocidad de desarrollo de la masa tumoral, se ha convertido en paradigma culpar a las cuestiones emocionales y al estrés por su derrumbe funcional. Si bien se trata de una media verdad, es muy reductivo pensar que un problema emotivo sea la causa de la proliferación tumoral.

Para ayudar a comprender mejor, podemos valernos de una analogía mecánica. Sería como en el caso de una caldera que explota por exceso de presión (causa), responsabilizar a los remaches por no haber soportado la exigencia (consecuencia). Si se hubiese mantenido la presión en términos aceptables, los remaches estarían en su lugar y cumpliendo su cometido. En nuestro caso, un shock emocional no puede derrumbar un sistema inmunológico (consecuencia), si no estuviese previamente colapsado por la tremenda exigencia de un terreno adverso (causa). Incluso el estrés sólo puede hacer mella en un organismo intoxicado y con carencias de nutrientes.

Muchos pacientes que han sufrido extirpación quirúrgica y/o destrucción de células cancerosas mediante radioterapia o quimioterapia, piensan que ya está todo resuelto. Por cierto habrán aliviado al organismo del peso que esto representaba, pero no habrán resuelto el problema de fondo: la corrección del terreno, capaz de poner a raya el desarrollo del tumor. Es más, las terapias -altamente agresivas- habrán contaminado aún más el terreno y por lo tanto habrán empeorado las condiciones generales del organismo.

Si se comprende que síntomas y enfermedades no son más que la punta de un gran iceberg (la intoxicación corporal), es necesario que el paciente se haga responsable de su curación, ejerciendo su derecho natural a la plena salud. La mayoría de los enfermos no se responsabiliza de su estado, considerándolo un problema del terapeuta; mas aún en el caso de las enfermedades graves. Normalmente se actúa como si la enfermedad fuese un ente externo que ha poseído al enfermo, a quién se lo considera víctima inocente de la mala suerte. El paciente baja los brazos y rápidamente se pone en manos de un especialista, olvidando que sólo él generó el problemasólo él puede resolverlo, rectificando los errores. A lo sumo el terapeuta puede ayudar, recordando el camino de retorno al estado de equilibrio, pero es el afectado quién debe recorrerlo.

Extraído de “Cuerpo Saludable”

 

BIOCONSTRUCCIÓN , UNA ALTERNATIVA SALUDABLE

Fuente: Ecosalud

Todos los seres vivos estamos permanentemente expuestos a las influencias del entorno, especialmente a las energías radiantes de la tierra y del cosmos, sin olvidar los campos electromagnéticos. Las radiaciones cósmicas y el campo magnético terrestre conforman corrientes energéticas que influyen en el cuerpo humano y en nuestra psiquis y muchas personas están sufriendo las consecuencias de estas radiaciones sin saberlo. Es así como nuestra salud y nuestro bienestar dependen en gran medida del lugar donde vivimos, trabajamos o dormimos por lo que  nuestra salud física, emocional y psicológica está íntimamente relacionada con la salud energética de nuestra casa, que debe considerarse casi como un organismo vivo o como si fuese una prolongación de los organismos vivos que la habitan. Nuestra tercera piel.

La bioconstrucción debe ser la plasmación de la inteligencia holística que interrelaciona la persona y su vitalidad con el medio ambiente que le rodea.

Uno de los principales objetivos de la bioconstrucción,  que se sustenta en principios de sustentabilidad  frente al derroche  de recursos naturales de la mayoría de los edificios modernos ,es que los edificios construidos o reformados reúnan las mejores condiciones de biohabitabilidad.

A la hora de proyectar, diseñar y ejecutar las obras se deben elegir las opciones más saludables ya que  las las investigaciones médicas concluyen que los factores exógenos, tales como la calidad del aire, exposición a los químicos, calidad del agua y contaminación electromagnética, y en lo que respecta a  la mala ventilación del lugar, el uso de materiales de construcción tóxicos, los agentes de limpieza generados por la industria química, los malos hábitos al interior de las construcciones, el tabaquismo, la deficiente mantención de los sistemas de calefacción o climatización, así como también el uso irracional de desodorantes ambientales son responsables de la etiología de muchas enfermedades e incluso de algunos cánceres, por lo que no podemos seguir construyendo edificios que enferman a las personas.

Los contaminantes de nuestra sociedad muchas veces son invisibles, lo que nos obliga a tener todavía mayor cuidado a la hora de elegir dónde vivir u organizar el interior de nuestro hábitat .De hecho, en pocos países se ha diagnosticado ala EHS-Electro Hiper Sensibles -. Sólo en Suecia y Gran Bretaña. Así, las personas que sufren de la contaminación electromagnética no encuentran apoyo médico y son tratadas como “enfermedades psiquiátricas”; cuando con mediciones y protecciones adecuadas se podrían crear espacios para que estas personas puedan seguir viviendo normalmente.

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MICROONDAS, UN RIESGO PARA LA SALUD

Publicamos a continuación, completo y en forma textual, el informe del Dr. Patrick Quanten sobre el problemático y omnipresente horno de microondas. El lector podrá sacar sus conclusiones y decidir si es conveniente su uso.

¿Cómo funcionan los hornos microondas? Las microondas son una forma de energía electromagnética, como las ondas de luz o de la radio. Las ondas son ondas muy cortas “micro” de energía electromagnética que viajan a la velocidad de186.282 millaspor segundo. Las microondas se usan para los teléfonos celulares, las señales satelitales, las comunicaciones militares y aeronáuticas (todas éstas son causas conocidas de enfermedad por radiación si usted vive por casualidad en un punto de resonancia de estas ondas).

Las microondas, según nos dicen en su defensa, son un fenómeno natural ya que pueden encontrarse en la naturaleza. ¡Entonces no pueden ser malas para nosotros! Y tienen razón: ocurren de manera natural. Las microondas se producen de manera natural en casi todas partes del mundo, desde la tierra hasta el sol. La diferencia, sin embargo, es ésta: las microondas del sol están basadas en los principios de pulsos de corriente continua (DC) que no crean calor por fricción; los hornos microondas usan corriente alterna (AC) creando calor por fricción. Un horno microondas produce una longitud de onda de energía en picos, donde toda la potencia va dentro de solamente una estrecha banda de frecuencia del espectro de energía. La energía solar opera en una frecuencia de energía amplia.

Dicho en otros términos, la radiación producida por el horno microondas tiene solamente una frecuencia, mientras que la energía solar cubre todo un espectro. Las frecuencias de energía son importantes porque el patrón de resonancia armado por su interacción puede ser estrecho o amplio. Si el espectro es muy estrecho, se incrementa el poder de resonancia; si el espectro es más amplio, entonces el efecto de resonancia se expande y el intercambio de energía es parejo.

Todo horno microondas contiene un magnetrón, un tubo en donde los electrones son afectados por los campos magnéticos y eléctricos de modo tal que producen una micro radiación de longitud de onda de alrededor de 2450 Mega Hertz (MHz) o 245 Giga Hertz (GHz). La radiación de microondas interactúa con la frecuencia oscilante de las moléculas de los alimentos. Toda energía de ondas cambia la polaridad de positiva a negativa con cada ciclo de la onda. En las microondas, estos cambios de polaridad ocurren millones de veces por segundo. Todas las moléculas de cualquier tipo de tejido, incluyendo nuestro alimento, están construidas sobre campos electromagnéticos. Éstos son seriamente turbados cuando la polaridad de las moléculas cambia de positivo a negativo unas 2.450.000.000 de veces por segundo. Es esta fricción la que crea calor en la comida. ¡Así es cómo se puede calentar la materia en pocos segundos!

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Más dióxido de cárbono que en toda la historia

  • La concentración alcanza su nivel más alto en tres millones de años
 

 

 

Fuente: http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/2223700/sociedad+medio-ambiente/mas-dioxido-de-carbono-que-en-toda-la-historia#.UY3luytOouo
 

 

 

 

 

Por primera vez se ha superado la barrera de los 400 ppm Efe
 

 

10 de mayo de 2013. 23:21hJ. Beltrán.

Madrid- En tres millones de años no se habían superado tales niveles de concentración de CO2 en el aire. En concreto, 400 ppm (partes por millón), según confirmó ayer la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU Los datos se recogieron el pasado jueves sobre el volcán Mauna Loa en Hawai donde se encuentra una de las estaciones de referencia sobre calidad del aire. Y aunque en principio se trata de un estudio preliminar, los científicos que están al frente de la medición ya advierten de que el calentamiento global se estaría acelerando más que nunca por la mano del hombre.

Entre otras cosas, porque otras estaciones también están ofreciendo datos preocupantes. Es el caso del Instituto Scripps de Oceanografía en San Diego, que ya ha alcanzado el dato de 399,73 ppm.

Lo cierto es que desde las primeras mediciones que datan de 1958 cuando se superaron las 316 ppm, la curva de contaminación ha aumentado sin control, si bien hasta la Revolución Industrial y el uso masivo de combustibles fósiles, la tasa no excedió de 300 ppm durante al menos 800.000 años.

Con hielo en el Ártico

«La última vez que el mundo tenía una concentración de 400 ppm de CO2 fue hace unos tres millones de años, cuando la temperatura global fue de dos a tres grados más alta que en la era preindustrial, cuando existía hielo en el Ártico», explica Bob Ward, director de comunicaciones del Instituto Grantham de Investigación sobre el Cambio Climático y el Medio Ambiente de la Escuela de Londres de Economía y Ciencias Políticas.

«Los casquetes polares eran más pequeños y el nivel del mar era unos 20 metros más alto que el actual. Estamos creando un ambiente prehistórico en el que nuestra sociedad tendrá que hacer frente a riesgos enormes y potencialmente catastróficas», subraya sobre las amenazas que se ciernen sobre el medio ambiente. «La naturaleza necesitó cientos de millones de años para cambiar las concentraciones de CO2, nosotros lo hemos hecho en una escala de 100 años, un millón de veces más rápido», considera Michael Mann, climatólogo de la Universidad de Pennsylvania.

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Tratamiento de la Obesidad con Medicina Naturista. Madrid

 

Hormona MCH ¿Diana terapéutica contra la obesidad sin modificar la dieta?

• Científicos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) descubren que la hormona concentradora de melanina (MCH) regula el metabolismo del hígado y la grasa blanca a través del cerebro sin afectar a la ingesta de alimentos ni al gasto energético.

• El bloqueo inducido de este péptido que estimula el apetito podría suponer una importante arma para combatir la obesidad y otras enfermedades relacionadas como la diabetes tipo 2.

• El estudio, publicado en el número de Marzo de la revista Gastroenterology, ha sido probado en animales de experimentación y continúa avanzando para medir su posible aplicabilidad en humanos.

06/03/2013

Un estudio liderado desde la Universidad de Santiago de Compostela por el doctor Rubén Nogueiras, integrante de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), en colaboración con otros laboratorios nacionales e internacionales, ha descubierto que la hormona concentradora de melanina (MCH), un péptido que estimula el apetito, puede regular el metabolismo del hígado y la grasa blanca a través del cerebro sin afectar a la ingesta de alimentos ni al gasto energético. El estudio pone de manifiesto que esta proteína puede ejercer directamente varias acciones metabólicas utilizando diferentes mecanismos. El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Gastroenterology, recoge en su número de Marzo este trabajo.

La función del cerebro como regulador del apetito y del peso corporal es un hecho demostrado desde mediados del siglo XX. Sin embargo, en los últimos años el interés por esta rama científica ha experimentado un notable aumento. Siguiendo esta línea de investigación, el estudio, llevado a cabo a través de la administración de MCH en roedores, “demuestra que la activación de esta hormona o de su receptor en determinadas áreas del hipotálamo, una zona del sistema nervioso central muy implicada en el control de la ingesta y el peso corporal, regula de manera selectiva lo que ocurre en el tejido adiposo o en el hígado. Cuando se activa este sistema en un área llamada núcleo arcuato se aumenta sólo la cantidad de grasas en el tejido adiposo blanco, mientras que al activarlo en otra área llamada hipotálamo lateral se incrementa la acumulación de grasas sólo en el hígado”, apunta el doctor Rubén Nogueiras.

 

Un escudo también contra la diabetes

Que la MCH incremente la cantidad de grasa en el tejido adiposo blanco y en el hígado no sólo afecta a la obesidad, sino también a la diabetes, ya que cuanto mayor sea la cantidad de grasa almacenada en estos órganos, más resistencia se dará a la insulina.

Una de las principales novedades de este trabajo es que se demuestra que un mismo péptido, dependiendo del área del cerebro sobre la que actúe, puede provocar efectos muy diferentes. “El objetivo ahora será continuar con este proyecto e intentar bloquear el sistema de la MCH en esas áreas del hipotálamo y tratar de curar la obesidad y la diabetes tipo 2 en modelos de animales obesos sin cambiar su ingesta de alimentos”, añade el investigador de la SEEDO.

Aunque el análisis se encuentra todavía en una etapa muy temprana y, a día de hoy, es difícil saber si estos hallazgos podrán ser aplicables en humanos, el hecho de actuar sobre zonas del cerebro muy específicas provocando cambios tan importantes es de gran interés, pues cuanto mayor sea la especificidad de un fármaco, menor será la probabilidad de provocar efectos no deseados. “La posibilidad de que además podamos tratar la obesidad y la diabetes tipo 2 sin modificar la dieta ni el gasto calórico, podría hacer de la MCH una diana terapéutica muy atractiva”, declara el Dr. Nogueiras.

Tras este estudio, la MCH pasa a formar parte de la lista de péptidos cerebrales que pueden alterar directamente la función de órganos periféricos y refuerza las complejos sistemas que regulan la alimentación, el balance energético y el comportamiento. Esta investigación complementa así la literatura previa existente sobre este tema, demostrando que la hormona concentradora de melanina afecta a múltiples circuitos del organismo.

MCH, una hormona multifunción

Descubierta originalmente en los peces teleósteos, la MCH es una hormona producida por el hipotálamo. Los primeros estudios realizados acerca de este péptido, a finales de los años 80, lo identificaban como un agente regulador del apetito pero, a lo largo del tiempo, se fueron descubriendo una gran diversidad funciones, como su acción pleiotrópica (dícese de un gen que tiene más de un efecto) en varios tejidos y órganos, como el práncreas y el intestino. En este último caso, tal y como se recoge en el estudio dirigido por el doctor Nogueiras, los roedores sin MCH han visto reducida la inflamación intestinal, en el caso de colitis inducida. Además, estos ratones son más susceptibles a la morbilidad cuando sufren una infección por Salmonella, lo que conlleva una inflamación más severa y un índice de mortalidad más elevado.

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Espermatozoides escasos y mal formados: la calidad del semen empeora

 

Espermatozoides escasos y mal formados: la calidad del semen empeora
Espermatozoides

Según estudio, ello se debería a sustancias halladas en plásticos, latas, a problemas medioambientales, al sedentarismo, la obesidad y otros

El esperma masculino pierde calidad y es posible que ese deterioro sea una señal funesta. Un estudio realizado en Francia durante 17 años, entre 1989 y 2005, muestra que la concentración de espermatozoides en el semen descendió un 32,2%, a un ritmo de un 1,9% al año. Si en 1989 la concentración media era de 73,6 millones por centímetro cúbico, en 2005 había caído ya hasta los 49,9 millones. Esta última cifra, aunque aún está dentro del rango en el que la Organización Mundial de la Salud considera fértil a un hombre, está por debajo del umbral de los 55 millones por centímetro cúbico a partir del cual se incrementa el tiempo necesario para concebir.

Los autores del artículo, que se publica hoy en la revista Human Reproduction, analizaron las eyaculaciones de 26.600 hombres, probablemente la mayor muestra estudiada en el mundo, y, aunque los resultados no se pueden extrapolar a otros países, sus datos confirman la pauta que se ha observado en otros lugares del planeta, incluida España. Además, los espermatozoides no solo eran menos sino que también había descendido el porcentaje, en un 33,4%, de los que estaban bien formados.

“Este estudio constituye una seria advertencia sobre la salud pública y se tiene que buscar la relación entre este descenso de la calidad del esperma y cambios medioambientales”, escriben los autores en el estudio. En él, señalan como posibles culpables, entre otros factores del entorno, asustancias químicas que alteran el equilibrio hormonal como el bisfenol A, que se encuentra en objetos de uso tan común como las latas de conserva o las botellas de plástico. “Aunque el descenso también podría estar relacionado con factores que han cambiado durante el periodo en el que realizamos el estudio, como un *incremento de la obesidad, cambios en la alimentación o una vida más sedentaria*”, reconoce Joëlle Le Moal, investigadora del Instituto de Vigilancia Sanitaria y coautora del estudio.

Jaime Gosálvez, catedrático de genética de la Universidad Autónoma de Madrid , considera que “es evidente que la calidad seminal de las sociedades avanzadas está bajando”. “Eso se ve día a día”, asegura. “En el banco de donantes, reclutar individuos que tengan buena calidad seminal es un drama, incluso entre gente joven que debería tener un semen de alta calidad. Hay clínicas que me confiesan que solo el 10% de los que van a donar son aptos para hacerlo”, señala. “Curiosamente —añade— en *sitios menos desarrollados como Brasil o México, donde se han realizado estos estudios, la calidad seminal no ha bajado tantísimo*”.

Además, Gosálvez también considera que hay una relación entre el deterioro de las condiciones medioambientales y el empeoramiento de la calidad del semen. “Si hay una célula especialmente sensible a las circunstancias nocivas del medio ambiente, esa es el espermatozoide, porque si hay algo que le está estresando y le puede dañar, lo que no quiere el espermatozoide es transmitir información defectuosa a la descendencia, y prefiere morirse antes que transmitirlo”, explica.

Aunque no abundan los estudios epidemiológicos que relacionen calidad del semen y estado de salud, algunos, como el realizado por Tina Kold Jensen, de la Universidad del Sur de Dinamarca, han obtenido resultados sorprendentes. Jensen analizó las muestras de semen recopiladas entre 1963 y 2001 de 43.277 hombres que durante ese periodo eyacularon en el Laboratorio de Análisis de Esperma y observó que la calidad del semen estaba relacionada con la longevidad. Curiosamente, la mayor mortalidad de los individuos con peor esperma no solo estaba relacionada con enfermedades asociadas al estilo de vida, como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, sino que se debía a un amplio rango de enfermedades. Este dato hizo concluir a los autores que la mejor calidad del semen indicaba una mejor salud general asociada a una mayor capacidad de supervivencia.

LO QUE SE VIENE
Según Le Moal, la calidad del semen no solo puede ser una señal sobre el deterioro del medio ambiente. Las generaciones posteriores también pueden sufrir las consecuencias. Algunas teorías sobre el origen de las enfermedades relacionan la exposición a determinados agentes nocivos durante la gestación o los primeros meses de vida con la salud durante la edad adulta. Como los espermatozoides, junto a los óvulos, son las primeras células de las que están hechos los seres humanos, se cree que un daño en estas células progenitoras puede tener efectos más adelante.

Gosálvez recuerda que “se ha visto que, en niños que han nacido con la ayuda de reproducción asistida o fecundación natural, pero procedente de esperma defectuoso, pueden desarrollar enfermedades asociadas a malos controles del sistema epigenético”. “Y hay trabajos en ratones en los que tras dañar el espermatozoide para luego fecundar, se observa que las ratoncitas abortan con más facilidad, las crías desarrollan tumores y los nacidos vivos tienen más problemas en su desarrollo posterior”, añade el investigador.

Todos estos indicios hacen que los autores del estudio que hoy se publica en Human Reproduction reclamen que se incremente el esfuerzo para averiguar qué está provocando este alarmante descenso en la calidad del semen masculino, particularmente en los países más avanzados. “Nuestra advertencia puede ayudar a las autoridades sanitarias a reforzar sus políticas sobre los perturbadores endocrinos (los productos químicos que alteran el equilibrio hormonal), preferiblemente en el ámbito europeo, mejorando la investigación y los sistemas de vigilancia”, reclama Le Moan.

Su estudio es un argumento más en favor de las medidas que reclama, pero también deja un pequeño rayo de esperanza respecto a la capacidad de nuestra naturaleza para sobreponerse a los contratiempos. Pese al descenso de la calidad del semen, los investigadores descubrieron un dato positivo. La capacidad de movimiento de los espermatozoides (la motilidad) se había incrementado, del 49,5% en 1989 al 53,6% en 2005. La naturaleza, y las urgencias que provoca el deseo sexual son una muestra de ello, siempre busca la forma de abrirse paso, hasta en las circunstancias más adversas.