Skip to content

La cara oculta de la Soja

No todo lo que brilla es oro

Fuente: espaciodepurativo.com.ar

Más allá de las cuestiones sociales, toxicológicas, económicas, políticas y ambientales que surgen del cultivo de soja transgénica (99% de la producción nacional), el poroto de soja en sí mismo, aún si fuese orgánico y no transgénico, representa un grave problema para la salud humana, por la combinación de varios factores que trataremos de resumir. Existe profusa y sólida evidencia científica de los problemas que ocasiona su consumo regular, por lo cual se invita a consultar la información y a verificar la sólida bibliografía disponible en la web [1], que no podemos reproducir por cuestión de espacio. Nunca fue alimento base En la China antigua apreciaban esta planta por su efecto fertilizante del suelo (fija nitrógeno). Recién durante la dinastía Chou (1134-246 AC), con el dominio de la técnica de fermentación, comenzó a consumirse el poroto, en forma de fermentados (tempeh, natto, miso, shoyu) que aseguran la completa inactivación de sus antinutrientes. Luego (siglo II AC) se comenzó a cuajar el puré de porotos cocidos (tofu), proceso que inactiva antinutrientes, aunque no totalmente. En 1930 la soja representaba apenas el 1,5% de las calorías en la dieta china. En 1998 se precisó que los japoneses consumían 8g diarios de proteína de soja (dos cucharaditas), en forma defermentados y condimentos. Un dato no menor: la soja utilizada antiguamente en Oriente era glicina, diferente a la que se cultiva actualmente (glicina max), que ha sido mejorada para obtener más proteína (y también más isoflavonas).

OXIGENO Y ALIMENTOS

 

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar

La importancia del crudo

Muchos podrán pensar que la naturaleza todo lo prevé y por tanto basta con respirar bien (cosa que veremos a continuación). Es más, hay personas que pueden vivir solo en función a la respiración, captando del aire inhalado todo aquello necesario para la vida y sin necesitar alimentos físicos (practicantes del pranayama, respiratorianos, pránicos, meditadores, etc). Pero lo que la naturaleza no puede prever es la modificación antifisiológica de nuestros hábitos alimentarios.

En este sentido, nuestros alimentos fisiológicos (frutas, hortalizas) garantizan el adecuado aporte de agua y oxígeno, y su correcto metabolismo nutricio. Pero hace unos 10.000 años (apenas instantes en un proceso evolutivo de cinco millones de años), al dominar la agricultura, el ser humano recurrió a los granos amiláceos como sustento nutricio. La producción y el fácil almacenamiento, convirtió a cereales y legumbres en reaseguro de supervivencia frente a las frecuentes carencias alimentarias y permitió sostener la vida aún en lugares climáticamente adversos para el ser humano.

El desarrollo de la agricultura y la ganadería, marcó un hito en la evolución humana; pero lejos retornar a la esencia fisiológica en lo alimentario (somos frugívoros), nuestros antepasados incorporaron estos recursos de supervivencia al acerbo cultural, por diversas razones que exceden al tratamiento del tema. Y esto, si bien permitió el desarrollo de muchas civilizaciones, también se convirtió en fuente de problemas, dado que no poseemos habilidades fisiológicas para consumir importantes cantidades de granos amiláceos, cosa que sí poseen animales evolucionados en función a ellos (granívoros).

Si bien el tema se desarrolla aparte, la oxidación de altos niveles de azúcares aportados por los granos, genera gran demanda de oxígeno, cuya satisfacción es problemática para los humanos, dado nuestra limitada bomba circulatoria (el corazón de los granívoros representa el 10% de su peso total, algo así como 7kg en un humano) y nuestra reducida incorporación de oxígeno (no volamos ni tenemos sacos alveolares, como los granívoros).

Cuando ingieren granos amiláceos, los granívoros ponen en marcha mecanismos fisiológicos adecuados al torrente de azúcares que circulará en sangre. En primer lugar las aves hacen un gran consumo de energía en actividades exigentes como el vuelo. Por otra parte, disponen de unaestructura cardiopulmonar de alta eficiencia, que les permite resolver dos cuestiones básicas: mantener semejante cantidad de azúcar en movimiento u atender la elevada demanda gaseosa del metabolismo de los hidratos de carbono.

El ser humano es sedentario y no realiza (menos hoy día) esfuerzos que por intensidad y duración demanden tanta energía como el vuelo de las aves. Esto trae aparejada la necesidad de disipar el exceso de azúcar circulante, por lo cual se advierte abundante calor en el cuerpo tras su consumo. Esto acarrea hiperactividad del páncreas, que debe poner en marcha, con el auxilio del hígado, un mecanismo para convertir rápidamente el azúcar simple en glucógeno de reserva. Este proceso debe invertirse nuevamente en caso de necesidad, volviendo a convertirse el azúcar de reserva (glucógeno) en azúcar simple (glucosa).

El carbono y el hidrógeno que componen las cadenas de los azúcares, terminan convirtiéndose (por oxidación) en dióxido de carbono (CO2) y agua (H2O). La cantidad de oxígeno necesaria para llevar adelante el metabolismo gaseoso, exige al sistema respiratorio de manera continua. Por esa razón los pájaros están dotados de los sacos aéreos, especies de estructuras suplementarias de los pulmones, que les permiten almacenar e insuflar el suplemento de oxígeno necesario para la oxidación del abundante volumen de carbono e hidrógeno circulante en sangre.

El aparato cardiopulmonar humano es sometido a dura exigencia tras una comida de granos. En el caso de personas sedentarias, esto generará una demanda energética y una toxemia adicional, que a largo plazo termina desvitalizando al individuo. La fatiga y el desgaste cardiopulmonar son moneda corriente en los grandes consumidores de cereales. Esto resulta fácil de comprobar, a través de la amplificación del pulso cardíaco durante la digestión y el incremento de las pulsaciones, como si se hiciese un ejercicio físico importante.

En síntesis: para combatir el estado de anaerobia, debemos nutrirnos con alimentos fisiológicos (frutas, hortalizas, semillas),evitando la cocción. Como vimos, el proceso de cocimiento reduce el natural contenido de oxígeno de los alimentos crudos. Por su parte, la necesidad de conservación de la escala industrial, estimula el uso de procesamientos que incrementan la deficiencia de oxígeno en los alimentos. La dieta promedio tiende a ser muy deficiente en su aporte oxigenante. Otro detalle no menor es el moderno consumo cotidiano de antibióticos (fármacos, alimentos, aguas de consumo) que hace estragos en las bacterias aeróbicas (productoras de oxígeno) de la flora intestinal.

Por todo esto, el cambio de hábitos alimentarios se hace imprescindible, a fin de mejorar el aporte oxigenante a través de alimentos vitalizantes. Pero a veces puede no ser suficiente para revertir una carencia crónica. Por tanto también debemos conocer y utilizar otros recursos oxigenantes, como la respiración profunda y el agua oxigenada.

 

Uso terapeutico de la Arcilla

Fuente: http://www.prama.com.ar

Usos y aplicaciones

Desde la más remota antigüedad, la tierra (el barro, la arcilla) ha sido una de las terapias más accesible, útiles y apreciadas por hombres y animales para tratar muchas enfermedades. Incluso el instintivo consumo de arcilla por parte de animales y niños, a modo de fisiológica práctica desparasitante y depurativa, es un ejemplo de un recurso tan efectivo como ancestral e inocuo.

Vale aclarar que no existe un único tipo de arcilla; cada ambiente geográfico imprime sus particulares características, pero las diferencias no modifican sus efectos terapéuticos. Sea cual fuere el origen de la arcilla, su elevada proporción de sílice y alúmina es constante, y ello le otorga las características propiedades como eficiente antiinflamatorio y cicatrizante.

Otra propiedad típica es su poder absorbente, basado en sus micro-partículas que atraen diferentes clases de sustancias: gases, toxinas, bacterias, parásitos, etc. A nivel corporal, esta cualidad le permite captar elementos no utilizables en la digestión y productos de desasimilación, presentes tanto en líquidos orgánicos como en tejidos internos. Esto la convierte en excelente depurativo y desparasitante.

La arcilla puede utilizarse externa o internamente, como terapia o como cosmético. El tema se desarrolla ampliamente en el fascículo “Uso y propiedades de la arcilla” de María Luz Font. Aquí simplemente referimos algunas indicaciones de uso sugeridas en el libro “Vivencias de salud a través de la arcilla” de Federico Helfer.

Toda duda con respecto al buen uso de la arcilla, debe ser consultada con su médico de cabecera. No obstante, si en forma simultánea no se cambian los hábitos depurativos, alimentarios, físicos y mentales, poco puede hacer la arcilla en un organismo con problemas.

...continue reading "Uso terapeutico de la Arcilla"

INTESTINOS.

Síntomas de Malfuncionamiento.


 

Por todo lo antes visto y por simple sentido común ¿es posible pensar en resolver un problema crónico de salud sin ocuparse antes de resolver el desorden intestinal? La respuesta es obvia.

Para diagnosticar el desorden, resulta útil comenzar por conocer las condiciones del orden. Cuando los intestinos funcionan correctamente, las evacuaciones deben ser normales y generadassin necesidad de otro auxilio externo que una alimentación equilibrada.

Dado que existe mucha confusión al respecto, conviene detenerse en la definición de normalidad, pues representa una de las herramientas sencillas y periódicas para controlar nuestro estado interno, sin necesidad de estudios sofisticados.

En primer lugar analicemos el tema de la frecuencia. Fisiológicamente, y respondiendo al reflejo gastrocólico, que funciona naturalmente en los niños, deberíamos evacuar tantas veces al día, como comidas importantes hayamos realizado.

Pero también debemos tener en cuenta la velocidad del tránsito intestinal. Mucha gente se califica de regular por el sólo hecho de evacuar diariamente, pero la supuesta regularidad puede encubrir retrasos de varios días, lo cual también significa constipación.

Hay muchos factores que condicionan la duración del tránsito intestinal: contenido de fibra en el alimento, tipo de alimento ingerido, estado del sistema nervioso, actividad física de la persona, etc. El Dr. Harvey Kellogg, autoridad mundial en la materia, sostenía que en condiciones ideales, el tránsito intestinal puede llevar entre 15 y 18 horas. Su colega, el Dr. Bernard Jensen, autor del libro “Limpieza de los tejidos a través del intestino”, considera las 18 horas como el plazo normal entre ingesta y evacuación.

Teniendo en cuenta que el moderno estilo de vida no es todo lo ideal que nuestra fisiología requiere, podemos convenir que los desechos deberían ser evacuados no más allá de 20 horasdespués de haberse ingerido el alimento. O sea que, en condiciones normales debemos evacuardentro de las 20 horas de cada ingesta importante que realizamos. Esto significa que los desechos de un almuerzo deben eliminarse en la mañana siguiente.

Por cierto que el tipo de alimentación -y por tanto el tipo de flora resultante- condicionarán este período. Los vegetarianos, con flora prevalentemente fermentativa y mayor consumo de fibra, tendrán tendencia a un lapso más corto; en tanto una dieta carnívora, con predominio de flora putrefactiva y escasa fibra, provocará tiempos más largos. La preeminencia de alimentos refinados en la dieta, también será causa de ralentización del tránsito intestinal.

Podemos comprobar la velocidad de nuestro tránsito intestinal con una técnica muy sencilla: en la comida más importante del día (normalmente el almuerzo) debemos incluir una buena porción de algúnnutriente de color (remolachas o espinacas), controlando luego el tiempo transcurrido hasta la aparición de heces teñidas de rojo o verde. Única precaución para no falsear el diagnóstico: no haber ingerido en los días previos, el alimento elegido como testigo. Si bien estas verduras pueden resultar ligeramente laxantes, son de todos modos indicadores eficaces para esta autoevaluación del tránsito intestinal.

Otra cuestión que brinda mucha información sobre nuestro estado intestinal, es el aspecto de la evacuación. Las heces normales se deben eliminar sin dificultad y deben tener: consistencia firme, sección uniforme, reducida y de estructura continua (forma de banana), color pardo, capacidad de flotar, ausencia de olor y no debe ensuciar la loza del inodoro ni el ano. El abundante uso de papel higiénico y desodorantes, es un claro síntoma de los problemas intestinales de la sociedad moderna.

...continue reading "INTESTINOS. Síntomas de Malfuncionamiento."

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL Y ZEOLITA

Suplemento mineral depurativo

¿Quién puede considerarse hoy día, exento de contaminación ambiental? Aún quienes viven en lugares teóricamente incontaminados, están expuestos a una sumatoria de influencias tóxicas, en la mayoría de los casos indetectables o insospechadas. Este informe, lejos de alentar la paranoia obsesiva y depresiva, aspira solamente a despertar consciencia sobre nuestro ambiente y a brindar alternativas para morigerar los efectos de la contaminación sobre nuestra salud. No es cuestión de negar la realidad o ver todo perdido. Tenemos herramientas: basta reconocerlas y utilizarlas.

La industrialización y los avances tecnológicos en materia de síntesis química, han generado un grado tal de contaminación, inimaginable décadas atrás. Obviamente, la ciencia de la salud sigue considerando problemas “psicosomáticos”, genéticos o virales, a la mayoría de la sintomatología derivada de este agobio tóxico al que por primera vez se ve expuesto esta civilización.

zeolita

Mucha gente, científicos incluidos, nos tranquilizan con argumentos que conforman un folclore discursivo insostenible: “Para eso está nuestro depurador orgánico: el hígado”. “Los gobiernos nos protegen con leyes y controles”. “El aumento de cáncer y degenerativas se debe a que vivimos más”. “Siempre la ciencia encuentra soluciones para los problemas”. ¿Le suenan?

Si bien la contaminación ambiental muestra antecedentes de vieja data (el caso del Imperio Romano y su contaminación con las entonces revolucionarias cañerías de plomo) y naturales en ciertos casos (efectos de erupciones volcánicas o contaminación de acuíferos), hoy vivimos inmersos en una magnífica sopa química artificial. Y nuestro organismo se ve obligado a convivir y sobrevivir con semejante exposición, intentando preservar la funcionalidad corpórea.

EN CASA ESTAMOS SEGUROS?

Por una parte, estamos expuestos a fuentes cada vez más virulentas e insospechadas. Emanaciones del tráfico y los procesos industriales, agroquímicos y pesticidas de la agricultura intensiva, química de la extracción de combustibles y minerales… parecen fuentes obvias, conocidas y “manejables”. Total, llegamos a casa, cerramos la puerta y ya estamos seguros ¿no? Pero lamentablemente allí empieza otra parte del problema.

Aerosoles, agua de red, alfombras, asbestos, adhesivos, aglomerados, humo, acondicionadores de aire, combustibles, cloro, aislantes, monóxido de carbono, pinturas, plásticos, plomo, insecticidas, productos de limpieza e higiene personal, cosméticos, solventes de lavandería, tintas, utensilios… son algunas de las fuentes contaminantes que nos esperan en el hogar. Sin contar que muchas de ellas van con nosotros durante el día, como los cosméticos o los materiales odontológicos.

En su intento por aliviar la carga tóxica en los fluidos (sangre, linfa, líquido extracelular) el organismo deposita los contaminantes que no logra eliminar por las vías fisiológicas (evacuaciones, orina, sudor, respiración) en la estructura misma (grasa, músculos, tendones, huesos, vísceras). Según refiere Brenda Watson en “Adiós toxinas”, los ciudadanos de naciones industrializadas llevan en sus organismos una media de 700 sustancias químicas sintéticas, la mayoría de las cuales aún no han sido evaluadas a fondo.

...continue reading "Zeolita y Contaminación Ambiental"

ENTRE LA BASURA Y EL HAMBRE

Este porcentaje equivale a 1300 millones de toneladas que podrían alimentar a 870 millones de personas.

De esos 1300 millones de toneladas, cien corresponden a desechos de comida en América latina. Esta cifra indica que entre el 10 y el 15 por ciento de los alimentos que se producen en la región jamás llega al estómago de una persona.

La pobreza en América Latina alcanza al 28.8% de la población, 167 millones se encuentran en esa situación, reveló un informe dela Comisión Económicapara América Latina y el Caribe (Cepal). De ellos, 66 millones viven en la extrema pobreza. El informe también habla de la región más desigual del mundo, donde el 10% de la población más rica recibe 32% de los ingresos totales, mientras que el 40% más pobre sólo recibe el 15%.

Mientras en Chile se prepara un  encuentro entre los  países latinoamericano-caribeños, por un lado, y dela Unión Europea, por el otro,  Tristam Stuart, de la organización civil “Feeding the 5.000″, señaló que uno de los principales problemas en Latinoamérica son las exigencias europeas:

“Por ejemplo, en esta región se despilfarran cantidades enormes de plátanos que no cumplen los requisitos de aspecto físico -mismo color, tamaño o forma bonita- impuestos por el mercado europeo”. Pese a “que no tienen ningún defecto a nivel nutricional”, sostuvo.

Sin embargo, Latinoamérica no está entre las zonas del mundo que más alimentos tira a la basura. Las que representan el mayor problema son las regiones con niveles más elevados de industrialización, como Europa o Norteamérica, donde un 40 por ciento de lo que se produce, que equivale a la producción total de África, se desecha.

Segúnla FAO, el 95 por ciento de los productos desechados en los países en desarrollo no lo es de forma intencionada, sino como consecuencia de deficiencias financieras, limitaciones técnicas o de infraestructuras en la fase inicial de la cadena de distribución. En las economías más desarrolladas las mayores pérdidas se producen en la fase final de la cadena -minoristas y consumidores- por malas prácticas, estándares de calidad establecidos y, sobre todo por los cánones impuestos por el consumismo, otorgándole importancia extrema a la apariencia de los alimentos.

En cuanto a la cantidad de alimentos que se desperdician directamente por los consumidores también destacan Europa y Norteamérica, donde cada persona tira una media de entre 95 y115 kilogramosde comida cada año, mientras que en África subsahariana y el sudeste de Asia el promedio es de6 a11 kilos.

“En un mundo de 7.000 millones de personas, que espera crecer hasta los 9.000 millones, desperdiciar comida no tiene ningún sentido a nivel económico, ético ni medioambiental”, comentó el director del PNUMA, Achim Steiner. Obviamente, reducir el desperdicio de comida podría llevar a un uso más eficiente de la tierra y una mejor gestión del agua.

 

Fuente: http://www.surysur.net/2013/01/entre-la-basura-y-el-hambre/#more-36564