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El milagro del magnesio

Noviembre 2011
del Sitio Web HighEnergyForLife

traducción de Adela Kaufmann

Un paciente tenía calambres musculares. Otro tenía dolores de cabeza. Y un tercero tenía un latido irregular del corazón.

Estas eran condiciones médicas muy diferentes, y sin embargo la solución que yo recomendé para cada paciente fue la misma. Usted puede sorprenderse de encontrar que el remedio no fue otro que el magnesio. Ayudó a cada uno de estos pacientes - y lo hizo rápidamente.

Pocos nutrientes poseen los notables y diversos los beneficios de magnesio. Es el cuarto mineral más abundante en las células después del calcio, fósforo y potasio.

 


El magnesio se encuentra en nuestros,

  • huesos
  • musculatura
  • sangre,

...y otros tejidos.


El cuerpo lo necesita para,

  • producir energía
  • sintetización de proteínas y grasas
  • relajación muscular
  • función del sistema nervioso
  • metabolismo del calcio

De acuerdo con los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, dos de cada tres estadounidenses no cumplen con los requisitos promedio diarios de ingesta diaria de magnesio, que son de 300 miligramos (mg) a 420 mg diarios para adultos.

Además, muchas personas tienen una deficiencia de magnesio debido a tensiones... genética... o un medicamento, como por ejemplo un diurético (generalmente se toma para controlar la presión arterial).

Como consecuencia, estas personas se enfrentan a un mayor riesgo de problemas de salud. Manteniendo los niveles adecuados de magnesio puede ayudar a reducir los calambres musculares, estabilizar el azúcar en la sangre, reducir el riesgo de enfermedades del corazón, calmar las migrañas, fortalecer los huesos y retrasar el proceso de envejecimiento.
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Medico Homeopata Madrid

TIPOS DE TOXEMIA

El terreno lo es todo

En el lecho de muerte, Louis Pasteur -demonizador de los virus y alabado por ello- intentó enmendar su error, al afirmar: “El virus no es nada, el terreno lo es todo”. Pero su declaración póstuma pasó y pasa inadvertida. Como pasa inadvertida la afirmación básica de la medicina natural: “La causa profunda de todas las enfermedades es la suciedad del terreno producida por la acumulación de desechos”.

Como hemos visto, los desechos orgánicos no se depositan en un solo lugar, sino que circulan por todo el cuerpo. El organismo todo sufre la sobrecarga, pero como cada persona tiene su punto débil, es allí donde aparecerá la crisis visible y dolorosa. Lamentablemente, terapeuta y paciente por lo general olvidan esta realidad, enfocándose en los síntomas y olvidando las causas primarias.

El moderno concepto de diagnóstico sirve sólo para rotular al barómetro de una caldera a punto de explotar por exceso de presión. Es inútil ocuparse del barómetro. Por sentido común, debemosdisminuir la presión de la caldera. Aliviada la presión, el barómetro, por sí mismo dejará de indicar el estado de emergencia.

Llevemos la analogía a nuestro automóvil, mecanismo sencillo de comprender y al cual generalmente le brindamos mejores atenciones que a nuestro organismo, tal vez porque aquel nos costó esfuerzo y éste fue un regalo de la existencia. Imaginemos que viajando en ruta, se nos enciende la luz roja de presión de aceite. ¿Qué hacemos?

El sentido común aconsejaría detenernos de inmediato e investigar la causa que originó el inconveniente: falta de lubricante, problema de la bomba de aceite, rotura del carter, etc. Resuelta la dificultad, arrancaremos el motor y veremos que la luz roja se apaga por sí sola.

En cambio ¿qué hacemos cuando algo similar sucede en nuestro organismo? Por lo general,desenchufamos el bulbo de la luz roja. O sea, buscamos una “pastillita mágica” que apague el indicador de alarma: algo que baje la presión, el colesterol, la glucosa, las hormonas tiroideas, la inflamación o cualquier otro parámetro fuera de norma, sin preocuparnos de revisar la causa que activó la alarma.

Si obramos así en el automóvil, ¿qué sucederá? Inicialmente seguiremos como si nada, confiados por no ver más la luz roja. Pero unos kilómetros después sobrevendrá el desastre: el motor claudicará. Esto es inexorable en la mecánica vehicular... y también lo es en la lógica del funcionamiento corporal.

Es más, el moderno sistema de monitoreo médico ha generado una obsesión por los parámetros fuera de norma. Profesionales y pacientes viven pendientes del valor de glucosa, presión, colesterol, hormona tiroidea, triglicéridos o densidad ósea. A través de fármacos se obtiene la ilusoria satisfacción de poner en caja los guarismos desequilibrados. Sería como si en el ejemplo del automóvil,moviésemos con la mano la aguja del manómetro de presión de aceite, hasta llevarla a zona de seguridad. ¿De qué nos sirve, si el desequilibrio profundo se mantiene?

Todo esto es sencillo de corroborar en la práctica. ¿Cómo es posible que un simple drenaje de toxinas pueda provocar la remisión de distintos síntomas en una persona, por diferentes que éstos sean? La concepción de la enfermedad como consecuencia de la sobrecarga tóxica, se opone a la concepción microbiana, donde todo parece ser resultado de la acción de virus y bacterias. Y es lícito preguntarse: si los microbios son tan letales, ¿cómo es que ciertas personas sucumben ante ellos y otras tienen reacción nula?

Los microbios no son más que huéspedes de un terreno sobrecargado, que permite su expresión o desarrollo. Podrá argumentarse que todo depende de la fortaleza del sistema inmunológico de cada persona, pero como veremos luego, la eficiencia de nuestro sistema defensivo, como toda parte integrante del cuerpo, es consecuencia directa del estado de limpieza de nuestros fluidos internos. O sea que: el terreno lo es todo.

TOXINAS INTERNAS

Nuestro organismo depende totalmente de aportes externos para construirse, renovarse y funcionar. O sea que está perfectamente preparado para procesar sustancias que vienen del exterior, convirtiéndolas en elementos útiles para el funcionamiento corporal. Hasta los nutrientes más nobles y puros, requieren de procesos degradatorios y asimilatorios, que implican producción de desechos metabólicos.

Asimismo, la continua regeneración celular de órganos y tejidos, provoca cantidad de células muertas que deben ser eliminadas de inmediato. Para hacer frente a esta vasta tarea, el cuerpo se ha dotado de un grupo de órganos especializados para tal fin: losemuntorios.

Pero si las toxinas son naturales y estamos dotados de una buena estructura de órganos de eliminación, ¿por qué nos intoxicamos? O lo que es igual, ¿por qué enfermamos? La respuesta es muy sencilla: Porque sobrepasamos la natural capacidad de eliminación, o sea, generamos más desechos de los que podemos evacuar.

Visualizando el origen de las toxinas que procesamos, podremos tener una mejor idea de cómo limitar su generación y colaborar con el exigido funcionamiento corporal. Debemos tener en cuenta que la realidad moderna es muy diferente que la de nuestros antepasados. Ellos debían lidiar sólo con algún fruto tóxico, alergenos naturales, microbios y desechos normales de los procesos metabólicos internos. En cambio nosotros estamos sumamente afectados por la degradación del medio ambiente y sobre todo por la alimentación industrializada. Pero vayamos por partes.

La mayor cantidad de toxinas proviene de la natural degradación de los alimentos ingeridos, proceso necesario para convertir los nutrientes en sustancias más simples, capaces de generar energía y material constructivo. Estas transformaciones producen desechos, cuya eliminación esta prevista en el funcionamiento orgánico. Por ejemplo: las proteínas, al desdoblarse en aminoácidos, generan urea y ácido úrico; la combustión de la glucosa produce ácido láctico y gas carbónico; las grasas mal transformadas, ácidos cetónicos.

Estas toxinas del metabolismo interno son perfectamente toleradas por el organismo, siempre y cuando no superen cierto límite. Este límite está dado por nuestra capacidad de digerir, combustionar y eliminar. Al superar este umbral, los desechos, aunque naturales, se convierten en una amenaza para el cuerpo, entorpeciendo su normal funcionamiento.

Para visualizar como funciona el proceso de acumulación, veamos un par de cifras orientativas relacionadas con los riñones. Estos órganos deberían eliminar 25 a 30 gramos diarios de urea. Si sólo eliminan 20, significa una retención de 5 gramos por día, o sea 150 gramos mensuales.

Esto permite entender la importancia de una alimentación sobria y frugal, de buena calidad y en dosis adecuada a nuestro desgaste calórico. Aún con alimentos sanos y naturales, si comemos más de lo que gastamos, estamos creando un problema adicional al organismo, que debe lidiar con sustancias que no puede utilizar y/o eliminar… y que algún destino deberán tener!!!

La sobrealimentación y el sedentarismo se han convertido en grandes problemas de la sociedad moderna. Es muy sencillo que las personas ingieran más de tres mil calorías diarias y gasten mucho menos de dos mil. Por su parte, el sedentarismo no solo impide la necesaria combustión de calorías excedentes, sino que dificulta la correcta oxidación de los residuos del metabolismo celular, con lo cual se generan aún más desechos tóxicos.

Todo esto se ve agravado por el nefasto sistema de producción industrial de los alimentos. Los procesos de manipulación yrefinación quitan preciosos elementos vitales y ello lleva al consumo de mayor volumen, en el intento de cubrir las necesidades netas de vitaminas y minerales.

Los problemas de la sobrealimentación no son sólo de acumulación. Cuando superamos la capacidad de procesamiento de nutrientes que tiene nuestro sistema digestivo, generamos una masa de alimentos mal transformados cuya tendencia es la fermentación y la putrefacción, lo cual produce nuevos venenos, que incrementan a su vez el ensuciamiento general. Esto se ve agravado por el estrés y los ritmos antinaturales, que merman nuestra capacidad metabólica.

TOXINAS EXTERNAS

Pero el alimento moderno tiene otros oscuros aspectos relacionados con la intoxicación del organismo y que van más allá de la abundancia. Si bien el tema se desarrolla ampliamente en otra publicación, repasemos aquí lo estrechamente relacionado con la toxemia corporal.

Las técnicas actuales de producción primariaindustrialización, además de empobrecer la calidad del alimento, generan una nefasta carga de sustancias eminentemente tóxicas, que de ninguna manera estamos preparados para procesar. Insecticidas, herbicidas, fungicidas, fertilizantes químicos, antibióticos, vacunas, hormonas sintéticas, balanceados industriales, granos transgénicos… son solo algunas de las sustancias que se utilizan en la producción de alimentos y que, directa o indirectamente, ingresan a nuestro organismo, diariamente y en altas concentraciones. Un ejemplo: nadie relaciona la gran cantidad de problemas endocrinos (menopausia, tiroidismo, etc) con la continua ingesta de hormonas sintéticas que se “mimetizan” con las naturales y nos causan un verdadero caos hormonal.

A ello se agrega otra gran cantidad de sustancias químicas artificiales que utiliza la industria elaboradora: conservantes, saborizantes, emulsionantes, estabilizantes, antioxidantes, colorantes, edulcorantes, grasas transaturadas (margarinas), etc. Todo esto se hace en el respeto de legislaciones que establecen dosis tolerables por el organismo. Claro que las normas se hacen para cada compuesto individualmente y en base teórica.

Nadie toma en cuenta la sumatoria de estas dosis, ni sus interacciones reales. Un estudio británico demostró recientemente que la mezcla de ciertos colorantes artificiales y el benzoato de sodio (conservante de uso habitual en refrescos), influye en el comportamiento y en los desordenes de conducta de los niños. Otros estudios indican que, en promedio, ingerimos anualmente varios kilogramos de dichas sustancias. Y adivinen ¿quién debe lidiar con esa carga?

Aquí no termina el inventario de sustancias tóxicas que diariamente introducimos al organismo. Falta aún lo que ingerimos enmedicamentos, detalle no menor en un país como el nuestro, que ingiere, por ejemplo, seis millones de aspirinas diarias. Nuestra sociedad es ávida consumidora de analgésicos, antiinflamatorios, sedantes, estimulantes y una larga lista de fármacos de uso corriente, alegremente publicitados en TV como si fueran inocuas golosinas.

Pero no solo ingresamos tóxicos por vía digestiva. La piel es otro órgano permeable a elementos indeseables: cosméticos, tinturas, cremas, antitranspirantes y fijadores son fuente de sustancias nocivas. Por las vías respiratorias también introducimos importantes cantidades de venenos: desde el humo de cigarrillos a los desechos de combustión y procesos industriales.

A todo esto se suma la problemática de los refinados industriales. Diariamente estamos incorporando altas cantidades de compuestos químicamente puros que no existen en la naturaleza. Es el caso del cloruro de sodio (sal blanca) o la sacarosa(azúcar blanca). Biológicamente el organismo no reconoce estas sustancias refinadas y de gran pureza; es más, las considera tóxicas por su reactividad. Para comprender mejor esta “fobia” corporal hacia los compuestos químicamente puros, podemos usar ejemplos ilustrativos, como la caña de azúcar, la hoja de coca y la sal refinada.

Estudios hechos en Sudáfrica sobre muestras de orina de dos mil trabajadores de plantaciones de caña de azúcar, no hallaron excedentes de glucosa, pese a que en promedio mascaban 2 kg diarios de caña, o sea que ingerían 350g de azúcar por día. ¿La explicación? Mientras la caña mascada es un alimento natural, completo y fácilmente metabolizable, el azúcar refinado es un producto extraño y nocivo para el organismo. Otras investigaciones realizadas en África e India muestran que la diabetes es desconocida en pueblos que no incluyen carbohidratos refinados en su dieta.

Respecto a la coca, es simple observar en los pueblos andinos que el cotidiano consumo de la hoja mascada, benéfica para el apunamiento y la digestión, no genera los efectos devastadores del extracto refinado, conocido como cocaína. Siempre estamos hablando de productos vegetales, pero de por medio está presente el proceso de refinación y purificación.

Nuestros riñones pueden eliminar unos 12 gramos diarios de cloruro de sodio (la tóxica sal de mesa refinada), pero está demostrado que la alimentación moderna provee 15 gramos o más. Esto quiere decir que reteniendo sólo 3 gramos diarios, estamos acumulando en el organismo 90 gramos por mes (verdadera causa de edemas y celulitis).

Frente a esta regular y abundante ingesta de compuestos reactivos -que superan por cierto la capacidad orgánica de procesamiento- el cuerpo se ve obligado a poner en marcha varios mecanismos de defensa que, además de generar un importante gasto de energía y recursos, incrementan la toxemia corporal. Nos referimos a la hidratación de estos compuestos (retención de líquidos asociada a deshidratación celular), a la captura lipógena (edemas, obesidad y celulitis) y a la cristalización (artritis, ácido úrico, arenillas, cálculos, esclerosis capilar, etc).

Este cuadro, lejos de asustar, debe ayudar a la toma de conciencia: nuestro organismo no es un cesto de basura donde podemos arrojar impunemente cualquier cosa. Además, esta problemática, nefasta en sí misma, se ve agravada por la pérdida o el olvido de sanos hábitos ancestrales: los ayunos, las curas de primavera, el reposo, la conexión con los ciclos naturales...

TOXINAS DE PARÁSITOS

Como vimos someramente en el capítulo anterior y como desarrollaremos en el capítulo 6, las parasitosis son responsables degran parte de la cotidiana carga tóxica que agobia al organismo. Esta toxemia es en parte externa al cuerpo, al ser producida por organismos que no forman parte del mismo, pero al mismo tiempo es interna, pues se vuelca permanentemente en nuestros fluidos, como si fuese una sustancia endógena.

Excrementos y desechos metabólicos de nuestros huéspedes parásitos, se suman al volumen tóxico que deben procesar nuestros órganos emuntorios. Si las parasitosis fuesen ocasionales y periódicamente combatidas, esto no sería un problema, ya que el hombre siempre ha convivido con organismos parásitos.

Pero el hecho de haber descuidado las ancestrales y tradicionales prácticas periódicas de desparasitación, hace que las infestaciones parasitarias se conviertan en crónicas y por tanto generen grandes volúmenes diarios de toxemia.


[1] Ver libro “Nutrición Depurativa”
[2] Universidad de Southampton - Publicado en The Lancet
[3] Ver libro “La Sal Saludable”

Extraído del libro "Cuerpo Saludable"

 

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar/

 

Homeopatía: la medicina filosófica

MÁLAGA.ES,(POR IGNACIO CASTILLO)
MARTES, 04 DE MAYO DE 2010
La homeopatía es un método terapéutico desarrollado por Samuel Hahnemann, médico alemán de principios del siglo XIX, que restablece la salud mediante la administración de medicamentos homeopáticos, seleccionados individualmente según la ley terapéutica de los semejantes.
Es la medicina filosófica y su eficacia está avalada por más de 200 años de experiencia clínica. Pero en España aún no está incluida en el sistema público de salud. En la provincia de Málaga, según el Colegio de Médicos, pasan consulta un centenar de homeópatas, aunque trabajan en el sector privado.

Esta circunstancia, sin duda, es clave para que la homeopatía no esté tan desarrollada en España como en otros países, como en Francia, que sin duda es la punta de lanza europea. Así lo cree Adela Esteve, doctora especialista en tratamientos homeopáticos y vocal de Medicina Alternativa del Colegio de Médicos.

La homeopatía se rige por el principio de semejanza, que establece que una sustancia capaz de producir una determinada sintomatología (al experimentarla en individuos sanos) es también capaz de curarla en los enfermos, administrándola en dosis mínimas. "El tratamiento homeopático está indicado en general para cualquier enfermedad y en cualquier época de la vida, ya como tratamiento exclusivo o como complemento de otras terapéuticas", explica Esteve, que por norma nunca anula los tratamientos convencionales que ya toman los pacientes que llegan a su consulta.

Se administra tanto para dolencias agudas como crónicas e incluso para prevenir su aparición. "Alergias, estrés, ansiedad, problemas digestivos...", enumera.

¿Quién recurre a la homeopatía? "Principalmente los enfermos que se sienten desencantados con la medicina tradicional", admite esta facultativa, aunque son cada vez más los jóvenes que la eligen como primera opción para abordar sus dolencias. "En la provincia son sobre todo extranjeros, mucho más acostumbrados a estos tratamientos", explica.

El objetivo del tratamiento homeopático es conseguir la curación global del paciente (no sólo de su enfermedad), mediante la estimulación del proceso natural propio de cada persona.

Otro inconveniente de la homeopatía frente a la medicina convencional es que no se estudia en la carrera. En la Universidad de Málaga ni siquiera se le dedica una asignatura. "Un médico está obligado a aprender durante toda la vida, pero sería importante que en la facultad se pudiera estudiar esta especialidad. Desde hace unos años existe un máster en la Universidad de Sevilla sobre homeopatía", añade Adela Esteve.

"También se puede estudiar en Madrid o en Zaragoza, aunque siempre hablamos de títulos de postgrado", informa Enrique López de Vinuesa, vocal del Colegio de Farmacéuticos de la provincia, especialista también en productos homeopáticos.

En Málaga, dos de cada tres oficinas de farmacia venden estos fármacos. "Si no se venden más es por razones comerciales, porque no existe demanda, ya que aún no son productos muy conocidos", incide, y coincide a la hora de exponer las razonas: que sólo se prescriben en la consulta particular del médico, a diferencia de otros países de la UE. "Ni siquiera estamos en los libros de médicos de los igualatorios o los seguros privados", revela Esteve.

Ambos están convencidos de la validez de la homeopatía y de las ventajas que ofrece al paciente. "Son medicamentos que se administran en dosis mínimas y no tienen efectos secundarios", insisten. "Lo ideal sería hacer compatibles la medicina convencional y la homeopatía".

 

Fuente: http://free-news.org/byrnes01.htm

Revista «Continuum». Volumen 5. Número 6. Verano del 1999.
A la conquista de la candidiasis, naturalmente.
Por Stephen Byrnes, N.D., R.N.C.P.

Stephen Byrnes es doctor en homeopatía y nutricionista clínico, que vive en Honolulu, Islas Hawai. Escribe frecuente y es autor del libro «Venciendo el SIDA», de manera natural y otros libros que se pueden solicitar desde «http://www.amazon.com». Su correo electrónico es «sbyrnes@chaminade.edu».

La Cándida Albicans y la Cándida Tropicalis son los nombres que reciben las levaduras comunes que a veces se encuentran en el intestino y en ciertas membranas mucosas, por ejemplo en la garganta. Todo el mundo tiene Cándida en el cuerpo, en cierto modo: ¡ya nacimos con ella!.

La pesadilla del crecimiento (incontrolado) de la Cándida.

La levadura Cándida, por lo general, puede vivir perfectamente en paz entre la fauna intestinal, como por ejemplo las bacterias acidophilus y bífidus, son precisamente estos residentes bacteriológicos que tienen a la cándida bajo control, previniendo su crecimiento excesivo. La función de la levadura Cándida en el cuerpo es principalmente eliminar cualquier resto de comida corrompida que se halle en nuestro sistema digestivo (hecho causado principalmente por la mala digestión y debido a ácidos en el estómago) y evitar así que cualquier bacteria dañina pueda causar levaduras (u hongos) que al multiplicarse pueda ser objeto de amenaza para nuestra salud. Una vez muertos, la Cándida trabaja descomponiendo el cuerpo, alimentándose de la naturaleza ya muerta, algo así como actúan los hongos, mohos, etc. con un árbol caído y muerto.

La Cándida está constantemente chequeada por la bacteria «buena» o «beneficiosa» gastrointestinal y nuestro sistema inmunológico. Pero los problemas pueden empezar cuando ciertas condiciones están presentes. Es en la presencia de estas condiciones que la Cándida puede empezar a crecer sin ningún control en los intestinos, ramificándose y colonizando todo el canal intestinal. Durante este proceso, la Cándida puede llegar a «comerse» las paredes del intestino, sumarse a la corriente sanguínea e infiltrarse a otros tejidos. La levadura por lo general beneficiosa se puede transformar literalmente en un moho de tipo patógeno, agresivo y destructivo, que puede causar una variedad de problemas de salud sin ninguna conexión aparente. Esta condición/enfermedad es conocida con el nombre de Candidiasis Sistemática.

Síntomas y causas.

La Candidiasis Sistemática como tal, no fue reconocida o definida hasta los años 80, principalmente porque los síntomas eran de una naturaleza muy variada y duplicados como los de otras enfermedades, llevando a los médicos a creer que el paciente sufría de, por ejemplo, sinusitis, en vez de realmente una filtración de levadura en los pasajes nasales. De manera adicional, ya que uno de los principales orígenes de la Candidiasis son precisamente los antibióticos prescritos por los médicos y que matan, a su vez, la bacteria «beneficiosa» intestinal que sirve para controlar a Cándida, los profesionales médicos, probablemente eran un poco reacios en un principio a admitir la existencia de esta enfermedad.

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En el curso de los treinta últimos años la tasa de incidencia del cáncer a aumentado en 40%. Dentro de ello incremento de leucemia y tumores cerebrales -en los niños ha sido de 2% por año-. Se ha constatado una evolución similar para las enfermedades neurológicas, autoinmunes, o para el disfuncionamiento de la reproducción, una "epidemia" que golpea a los países llamados "desarrollados".

El libro y documental Nuestro Veneno cotidiano realizado por la periodista Marie-Monique Robin es fruto de un trabajo de investigación de dos años en América del Norte, Asia y Europa, apoyándose en numerosos estudios científicos pero también en testimonios de cientificos, investigadores, representantes de las agencias de reglamentación.

Ella demuestra que la causa principal de la epidemia es de origen medioambiental, debido a las decenas de miles de millones de moléculas químicas que han invadido nuestra alimentación después del final de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Actualmente la Chorella esta considerada un excelente recurso para la desintoxicación de metales pesados y insecticidas.
Por el Dr. Serge Raynaud de la Ferrièr
La Chlorella

"La curación de heridas, la desintoxicación, el alivio de la constipación y del resfrío común, y hasta la estimulación del crecimiento, son algunas de las propiedades de la Chlorella, un alga unicelular de agua dulce, que han sido demostradas clínicamente. La Chlorella también es una excelente fuente de vitaminas, minerales y otros nutrientes, además de ser muy efectiva en el control de los malos olores del cuerpo, tanto internos como externos."


He aquí, a continuación, una guía completa de las múltiples formas en que este antiquísimo organismo unicelular nos puede beneficiar actualmente.

¿Qué es la Chlorella?

El abundante almacén de plantas y animales de la naturaleza nos ha provisto de una gran variedad de tesoros biológicos que sólo esperan ser convertidos en nutrientes y medicinas. Pero los hombres de ciencia apenas han rascado la superficie en sus esfuerzos por descubrir los ingredientes preservadores de la vida contenidos en la flora y la fauna terrestres. Por ejemplo, hay miles de plantas y animales que no han sido identificados aún en las regiones más remotas de las selvas tropicales del Amazonas, ni ha sido examinado su potencial para el bien.
Hasta hace poco el estudio de las plantas medicinales y de interés nutricional se hallaba en decadencia, puesto que las compañías farmacéuticas que habían trabajado con tanto empeño con el fin de aislar de ellas las vitaminas y otras sustancias, desde la década de 1920 hasta los años 50, volcaron sus energías en la producción sintética de estos elementos. La razón de hacerlo así era obvia: las sustancias sintéticas podían patentarse y producir enormes fortunas para las compañías. Actualmente, de los ocho mil millones de dólares anuales que se gastan en medicamentos recetados en los Estados Unidos de Norteamérica, sólo el 22% corresponde a productos derivados del reino vegetal.
Una de las plantas que han despertado interés entre los investigadores por sus posibilidades de contribuir al campo de la salud es la Chlorella. Se cree que esta alga unicelular de agua dulce es una de las formas de vida más primitiva. Tanto ella como otras especies de algas verdes son esenciales para la vida por su participación en el proceso de la fotosíntesis, ya que éste es responsable de extraer el bióxido de carbono -un gas venenoso- de la atmósfera y liberar las enormes cantidades de oxígeno que se requieren para el sostenimiento de la vida. (El oxígeno que respiramos y que provee la materia prima para la capa de ozono "sin la cual no sería posible la vida sobre la Tierra -de la Ferrière" viene principalmente de las algas. Por eso, su consumo, al multiplicarse, multiplica la siembra y mejora las condiciones de la atmósfera terrestre).
La Chlorella, de un tamaño aproximado al de un corpúsculo rojo de la sangre, fue descubierta en 1890 por M. W. Beijernick, un sabio holandés especialista en microbiología que la estudió examinando el agua de una laguna, valiéndose de un microscopio. Su fascinación por el color verde oscuro de la laguna lo llevó al descubrimiento de la Chlorella, alga rica en pigmentos verdes de clorofila. (La pequeña célula verde. Aunque de apariencia muy sencilla, cada célula de Chlorella es un individuo completo provisto de una estructura bien definida. Su núcleo de gran tamaño (N) está contenido dentro de la envoltura nuclear (EN), fuera de la cual se encuentran los cloroplastos (C) y mitocondrios (M)).
Su nombre se deriva de la voz griega chlorós, que significa "verde amarilloso", sumado a la terminación latina de diminutivo ella. Una planta (alga) de Chlorella tiene un diámetro de sólo 5 micrones, pero es una planta unicelular bien definida, con un núcleo y todo un complemento de sustancias nutritivas y promotores de salud.
Algunas especulaciones sugieren que la Chlorella podría ser el primer eslabón en la cadena alimentarla: como la primera planta unicelular provista de un núcleo definido dentro de su membrana celular. Si en realidad fuera la primera planta verde de la Tierra, las demás formas de vida no habrían podido evolucionar sin ella.
Algunos creen que durante la época más remota de la Tierra la atmósfera habría estado compuesta por gases letales, del tipo del amoníaco, el metano y el bióxido de carbono. Esta teoría sostiene que las plantas verdes, como la Chlorella, habrían desempeñado el papel de transformar ese medio letal en un ambiente capaz de sostener la vida de plantas y animales.
La Chlorella es una planta tan pequeña que no se la puede ver sin a ayuda de un microscopio: mide sólo 6 milésimas de milímetro a lo ancho. Sin embargo se reproduce con suma rapidez. Cada alga se puede subdividir en cuatro nuevas células cada 16 a 20 horas. A esa velocidad, se calcula que en sólo 63 días una sola célula sería capaz de generar suficiente Chlorella como para igualar el volumen de la tierra. Afortunadamente existen elementos naturales que limitan su proliferación. Para reproducirse necesita una gran cantidad de luz solar, y cuando la producción se vuelve excesiva para el espacio disponible, su capacidad reproductora disminuye automáticamente Gracias a su rápido índice de crecimiento y al espacio relativamente pequeño que necesita para desarrollarse, además de su abundante contenido nutricional, la Chlorella ofrece a los investigadores un gran potencial para el mejoramiento de la salud. Se ha demostrado su utilidad en:

  • El fortalecimiento del sistema inmunológico del ser humano.
  • La aceleración del proceso de curación de heridas, lesiones y úlceras.
  • La protección contra contaminantes tóxicos.
  • La normalización de los procesos digestivos y la función intestinal.
  • La estimulación del crecimiento y la reparación de los tejidos.
  • La retardación del proceso de envejecimiento.
  • La protección contra los efectos de la radiación.