Médico de Lourdes: “El agua no es curativa, los milagros son un misterio_”

13 de Septiembre de 2008, 10:57am ET
LOURDES, Francia, 13 Set 2008 (AFP) –
“El agua de Lourdes carece de propiedades curativas”, los “milagros” que experimentan los peregrinos enfermos son un “misterio”, afirma el jefe médico del santuario mariano, Patrick Theillier, en una entrevista con la AFP.
A la espera de la llegada del papa Benedicto XVI a Lourdes, este profesional de 64 años, apodado “doctor milagro”, recibe a la AFP en el mismo despacho en que cada año se persona medio centenar de fieles para dar fe de su sanación milagrosa.
“Soy un médico feliz, sólo recibo a pacientes curados”, dice Theillier.
Desde hace una década, su misión consiste en verificar científicamente la curación “espontánea, brutal” de los dolientes que acuden al santuario mariano, donde la Virgen María se le apareció a la pastorcilla Bernadette Soubirous en 1858, según la tradición católica.
Unos seis millones de personas acuden anualmente a Lourdes, muchas de ellas enfermas, atraídas por la dimensión milagrosa que la Iglesia católica ha atribuido históricamente a la gruta de Massabielle, lugar de “diálogo directo” entre la Virgen y Bernadette.
En esa cueva, donde cotidianamente se apiñan y rezan los fieles, brota un manantial considerado popularmente como curativo. Muchos de ellos, se llevan a casa bidones llenos de ese agua.
Desde su apertura en 1883, el centro médico de Lourdes ha registrado entre 7.000 y 8.000 declaraciones de curaciones espontáneas, de las cuales únicamente 67 han recibido la definición canónica de milagro.
“Son pocos, muy pocos. En Lourdes las curaciones son muy frecuentes”, se lamenta Theillier.
Y es que verificar un prodigio religioso requiere un proceso sumamente complejo: “Hace falta diez años para incluir una curación en el restringido círculo de los milagros”, afirma este médico.
Hasta ahora, el doctor Theillier ha logrado esa hazaña en dos ocasiones, “pero en ambos casos las sanaciones tuvieron lugar antes de que yo asumiera el puesto”, explica.
Su tarea arranca con la recopilación de informes médicos que deben avalar que el paciente sufría “una enfermedad muy grave e incurable”.
Recuerda su primer milagro, el del francés Jean-Pierre Belli, aquejado de una esclerosis en placas que le impedía moverse. “Se sanó en 1987 cuando vino a Lourdes”. En 1998, “llevé su dossier” al comité médico internacional encargado de examinar los casos del santuario compuesto por unos “30 jefes de hospitales y clínicas de Europa”.
Los profesionales dieron su visto bueno y enviaron el expediente a la Diócesis de los Curados, que accedieron a catalogar como milagro la curación de Belli.
Lo propio sucedió con una napolitana, que se curó de su insuficiencia cardíaca grave en 1952 y cuyo caso Theillier recuperó en 2003.
“Un milagro es una certidumbre, no una prueba”, puntualiza este médico. “Nunca se podrá probar un milagro”, insiste.
Este francés, que afirma trabajar en “el cruce entre la ciencia y la religión”, reafirma el misterio que envuelve los prodigios religiosos, excluyendo sus posibles explicaciones.
“No es el agua” del manantial de la gruta, “porque hay milagros que se producen sin ella”, tampoco “la fe personal, porque sucede a los agnósticos”, ni la “fe católica, porque conozco a dos musulmanas que se curaron”.
Theillier incluso asegura que no hace falta ir expresamente a Lourdes para recuperarse de una enfermedad.
“Conozco a un motorista francés que debía operarse. Se fue a España y al regresar su cirujano le dijo que ya no era necesario, que estaba curado. Ese hombre está convencido de que fue su paso por Lourdes -sin siquiera detenerse- lo que le sanó”, relata.
Para este doctor, que ha ejercido otras formas de medicina como la homeopatía y la acupuntura y cultivado la antropología y la filosofía, la clave está en “lo retroprofundo, cerca del corazón”, en una fuerza interior a la que denomina “fisión nuclear”.
Antes de jubilarse el año que viene, Theillier todavía tiene pendientes “cuatro o cinco casos” que el comité médico internacional -señala- podría calificar de milagros.
